Inversores buscan pistas de próxima crisis

The oil refinery in Bosanski Brod, Bosnia, Wednesday, Oct. 10, 2018. Police say one worker has died and nine have been injured in a strong blast at a Russian-owned oil refinery in northern Bosnia. (AP Photo/Amel Emric)
The oil refinery in Bosanski Brod, Bosnia, Wednesday, Oct. 10, 2018. Police say one worker has died and nine have been injured in a strong blast at a Russian-owned oil refinery in northern Bosnia. (AP Photo/Amel Emric)

El máximo responsable de JPMorgan Chase & Co., Jamie Dimon, definió en una ocasión una crisis financiera a su hija diciendo: “Es algo que ocurre cada cinco a siete años”. La reina Isabel II preguntó “por qué nadie se percató” de las semillas de la última.
Heridos por su incapacidad para detectar la turbulencia de hace 10 años y a dos decenios de la agitación en los mercados asiáticos, funcionarios, operadores y economistas miran el reloj preguntándose cuándo y dónde se dará la próxima crisis.

En tanto lleva a cabo sus reuniones anuales en Bali, Indonesia, esta semana, el Fondo Monetario Internacional ya está advirtiendo que los inversores podrían estar subestimando el riesgo de un shock financiero.

Uno de los axiomas de la historia financiera es, no obstante, que no existen dos crisis iguales, de modo que la búsqueda se centra en los posibles disparadores en la economía y los mercados mundiales. Un error de política por parte de la Reserva Federal, como subir demasiado rápido o durante demasiado tiempo las tasas, podría golpear de refilón a la economía estadounidense y perturbar los mercados del mundo entero.

A continuación, una síntesis de potenciales puntos peligrosos.
El primero es China. El crédito impulsó el rápido avance de China como potencia económica. Últimamente, Pekín viene adoptando medidas para reducir el ritmo de crecimiento del endeudamiento corporativo, pero la deuda total fuera del sector bancario siguió creciendo el año pasado y continúa en una vía insostenible, según el FMI.
El segundo son los mercados emergentes. Los aumentos de las tasas de interés dispuestos por la Reserva Federal, sumados a un dólar en alza, generaron ondas expansivas en los mercados emergentes, lo cual hace que para las compañías endeudadas en dólares sea más difícil pagar sus deudas. Argentina pidió prestados US$57.000 millones al FMI, el mayor monto de la historia del fondo, para paliar la crisis cambiaria del país. La lira turca se desplomó en tanto los inversores pusieron en duda la habilidad del gobierno de Recep Erdogan para frenar la inflación.

Algunos mercados emergentes, como México y Colombia, evitaron verse arrastrados por la tormenta. Pero conforme los bancos centrales suben las tasas de interés, es posible que los inversores no sean tan perceptivos.

El tercero es la deuda corporativa. El endeudamiento privado en alza ha sido el motor del aumento constante de la deuda mundial desde 1950, según el FMI. En la última crisis, la deuda de los hogares en EE.UU. era una bomba de tiempo. Desde entonces, los consumidores se han ajustado el cinturón, pero las compañías estadounidenses tomaron la posta.

Aprovechando las tasas bajas y la fuerte demanda, las compañías estadounidenses emitieron cantidades récord de deuda, empujando ratios de deuda clave a cerca de máximos de 30 años, según Andrew Sheets, estratega principal de activos cruzados de Morgan Stanley.
El cuarto se vincula con los sobrevivientes de crisis. En algunas economías avanzadas, los precios inmobiliarios nunca se desplomaron pese a la crisis de 2008, y la acumulación de deuda de los hogares está causando alarma. En su informe más reciente sobre estabilidad financiera mundial, el FMI puso a Australia, Canadá y los países nórdicos en esa categoría. El quinto es Italia. El riesgo de una salida desagradable de la eurozona tiene un nuevo nombre: “Quitaly”.