Jean Paul Gaultier, pasión por la transgresión

Jean Paul Gaultier

Muy intuitivo, Jean Paul Gaultier pronto supo que su fuente de inspiración estaba en la calle, en la gente, en el pulso de la sociedad, en el día a día.
Rápidamente creo sus códigos de estilo: inconformismo, rebeldía y transgresión, mimbres con los que construyó un concepto de belleza diferente. “La belleza está en cualquier sitio, sólo hay que abrir los ojos”, ha contado en varias ocasiones Gaultier, quien ha recordado que “donde hay diferencia, hay belleza”.
En este año que está a punto de terminar, Gaultier ha celebrado el cuarenta aniversario de la creación de su firma, un proyecto que arrancó con la ayuda de Francis Menuge.
La influencia de la abuela Marie. Desde entonces, el mundo de la moda tiene otra mirada más transgresora y divertida, siempre desde una sensualidad inherente y una gran sensibilidad estética. Sus colecciones son un espejo de la sociedad del momento.
En 1985, fue pionero en vestir al hombre con falda, quiso romper barreras y mezclar los roles de ambos géneros. Él deseaba un mundo más abierto.
Jean Paul Gaultier ya no es el “enfant terrible”, sino “un viejo terrible” que vive la moda con ilusión, con pasión, con alegría y con mucho optimismo, adjetivos que hoy están presentes en sus creaciones.
En su universo creativo se tienen en cuenta a las mujeres parisinas, el hombre objeto, las rayas marineras y la iconografía religiosa. Tampoco falta la influencia de su abuela Marie, quien murió sin conocer el éxito de su nieto ni su pasión por la tauromaquia y por la estética española, en la que están presentes los volantes, las mantillas, los mantones de manila y los abanicos.
Adora España, su relación con este país es maravillosa, le encanta desde niño, cuando veraneaba con su familia en el País Vasco y en otros rincones españoles “me fascina la cultura popular”, ha contado Gauliter, quien ha recordado que, siendo un niño, cotilleaba los trajes de luces de los toreros.
Del peluche a la pasarela. El movimiento punk londinense, lo multiétnico, la música, el cine, el optimismo, el color y la pasión por vivir son algunas de las estéticas que están presentes en sus colecciones.
En la década de los 90, en pleno apogeo de súpermodelos como Claudia Schiffer, Cindy Crawford o Naomi Campbell, Gaultier abría brecha en la pasarela y permitía brillar a modelos poco convencionales, como mujeres maduras de talla XXL o modelos tatuadas.
“Me gusta mostrar en mis desfiles a una mujer poderosa”, decía el diseñador entre risas en una entrevista a Efe.
A Gaultier, nacido el 24 de abril de 1952, en Arcueil (Val-de-Marne, Francia), la moda de cambiar todos los días no le interesa, “lo realmente importante es el estilo de cada persona”, ha dicho este diseñador para quien el estilo es “ese halo que envuelve a la mujer que no miente y que se viste tal y como es, que vive su propio estilo y disfruta del traje que luce”.
El corsé, el hombre objeto, el cine y las tribus urbanas son algunos de los temas que le han obsesionado a lo largo de su carrera profesional, una pasión que arrancó siendo un niño, cuando empezó a diseñar para su oso de peluche, Nana, un muñeco que le servía de maniquí.
De Madonna al cine. Con 18 años empezó a aprender el oficio con Pierre Cardín. Dos años después trabajó con otro genio, Jean Patou y, dos más tarde, en 1976, presentó su primera colección, en la que mostró su gusto por la combinación de materiales diferentes como el tul o el cuero. Un año después creo su firma.
Gaultier ha contado en muchas entrevistas que su abuela materna, una esteticista y echadora de cartas, le ha influido en su trabajo, “me quedaba fascinado al comprobar los cambios que experimentaban las clientas tras pasar por las manos de mi abuela”.


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