Jesús, el político

La gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, exclamó: «¡No hay duda de que es el Profeta que esperábamos!». Cuando Jesús vio que estaban dispuestos a hacerlo rey a la fuerza, se escabulló hacia las colinas él solo. Juan 6:14-15.
Jesús acababa de realizar el milagro que multiplicó los cinco panes y los dos pececillos; de tal manera que comieron cerca de 5 mil personas, sin contar a las mujeres y a los niños (Mateo 14:20-21). Hicieron doce cestas con los panes que habían sobrado.
Al ver toda esa multitud tan impactante señal, dijeron: no hay duda de que es el Profeta!, querían poner a Jesús como el rey. Pero dice la Biblia que él se escabulló, se fue solo, a las colinas; y rechazó la popularidad, la fama y el poder de hombres.
En contraste, es común en el mundo la búsqueda de reconocimientos y posiciones públicas; unos aspiran a desplazar a otros y por ese motivo, hay quienes son expulsados de organizaciones políticas, profesionales o religiosas, sancionados o disciplinados; algunos llegan al extremo de maquinar la muerte de otro simplemente para ocupar el puesto, beneficio o dinero; en Jesús, en cambio, había otra conducta, otra visión, otros valores. La política de Jesús era hacer la voluntad del Dios padre, su reino no es terrenal, sino espiritual; es establecer el reino de Dios en nuestros corazones, de justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17).
Aun entre los que andaban con Jesús, algunos tenían sus aspiraciones personales. Cuenta la Biblia que la madre de los hijos de Zebedeo le pidió: Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. (Mateo 20:21). Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. (Mateo 20:24). El concepto político de Jesús quedó claro cuando les enseñó: el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos; lo importante, la grandeza, no esta en obtener ventajas personales, sino en servir a los demás.
Así que cuando fue apresado, interrogado y humillado, Pilato le preguntó si era el rey de los judíos, y Jesús le dijo: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Juan 18:36). Y hasta Pilato no encontró falta alguna en Jesús, pero los religiosos insistieron en que había que crucificarlo, incluyendo quizás alguno de los que habían comido del pan y de los peces.