José R. Abinader: Tiempos de afectos, franquezas y deporte

15_11_2018 HOY_JUEVES_151118_ Opinión11 A

Soy uno de los tantos ciudadanos que aunque conociendo del estado delicado de salud en que se encontraba el doctor Rafael Abinader, y sabiendo la realidad de un fatal desenlace a corto plazo, creó un fuerte impacto de aflicción, no por el hecho de la separación de su alma del cuerpo que celosamente la portaba, ya que es ley de vida nacer y morir, y aunque da algo de conformidad, cuando la separación ocurre en la longevidad no es menos cierto que por la calidad de vida que se ausenta aumenta la tristeza.
Es natural que de un personaje de la magnitud social, económica, política e intelectual uno quiera más tiempo de vida, para que siga mostrando todas sus virtudes que sirven como ejemplo en un país que ahora más que nunca necesita. Es por eso que no extraña que salgan a la luz cantidades de detalles que nutren el acontecer, principalmente político del país.
Son tantos los temas que se encierran en esa vida repleta de hechos relevantes, que no es sorpresa ver un batallón de buenas opiniones de parte de sus amigos, políticos y relacionados de alguna manera a su persona.
Pero el motivo que me lleva a expresarme públicamente a través de este artículo es dar a conocer una etapa de calidad compartida con este prominente ser, cuando comenzaba a abrirse el capullo que contenía toda la materia producto de una valoración de formación hogareña, que no se adquiere en universidad alguna, y mucho menos en la de la vida.
Eran los años sesenta cuando cursaba mis estudios universitarios en la Facultad de Ingeniería de la UASD cuando tuve el honor de conocerlo, estaba en auge el softbol, practicado principalmente por la clase media, el tenis y el golf eran sueños muy lejanos, se les consideraban extraterrestres a los muy pocos que los practicaban. Para entonces yo presidía el equipo de ingeniería y celebrábamos encuentros con otros equipos de la misma categoría que nosotros, y uno de ellos era el del doctor Abinader.
Siempre estábamos a la espera de su invitación, porque sabíamos que íbamos a jugar con pelotas nuevas, eran dos en ese tiempo y él las ponía por dos motivos: primero porque él era lanzador y se sentía mejor lanzando con las bolas nuevas, y segundo porque él sabía que nosotros, estudiantes al fin, éramos unos “arrancados”.
Además, también pagaba el árbitro. Por eso, cuando él nos confirmaba nos llenábamos de alegría, y sobre todo por el hecho de compartir con una persona de finos modales y que ya brillaba con luz propia, catedrático universitario y joven empresario. Nos hacía sentir importantes.
Y hay que destacar que, a pesar de comprar las pelotas y pagar el árbitro, nunca se aprovechó de esa condición, al contrario, ninguna decisión que le fuera contraria lo exacerbaba. Es un hecho que cuando las relaciones confraternizan a través del deporte tienen un carácter especial, y así sucedió en nuestro caso.
Por mucho tiempo tuvimos la oportunidad de encontrarnos y darnos muestras de afecto; la ciudad no se había ensanchado tanto, prácticamente todos nos conocíamos y era motivo de cofradía en cualquier lugar.
Con los años, sus muchos compromisos de empresario y político redujeron el tiempo de encuentros a casi nada, pero era imposible no escuchar o leer en los diarios algo sobre su vida pública. Hoy que el omnipotente destapa el cofre que celosamente guardaba el boleto que mostraba la estación de parada del tren de su vida, se arrima a mi mente una melancolía que me sustrae a ese tiempo ya muy lejano, donde él comenzaba a mostrar la calidad humana de lo que llegó a ser una vida fecunda donde el amor al prójimo fue una de las tantas virtudes que compartió.
Qué extraña es la vida, ha sucedió una anexión que entrelazan nuestras vidas, pues Raquel, la hija de Elías Arbaje (fallecido) y de parentesco con los Howley, se unió en matrimonio con su hijo Luis, para así continuar la dinastía de estos dos insignes libaneses.
Como sus tantos méritos es labor de amigos y políticos y ya han sido resaltados con sobresalientes y meritorias alabanzas, yo en cambio, quise mostrar esa faceta compartida en tiempos de afectos, franquezas y deporte.