Juan Bosch y la salud del pueblo dominicano

21_08_2018 HOY_MARTES_210818_ Opinión10 A

El 27 de febrero de 1963 se instaló el primer gobierno democrático posterior a los 31 años de dictadura trujillista. El profesor Juan Bosch tuvo el honor de presidir dicha prometedora gestión gubernamental, la cual desafortunadamente culminó con un golpe de Estado a escasos siete meses de ejecutorias. La Constitución de 1963 fue la Carta Magna más avanzada de toda la historia republicana de nuestra nación. En su sección VI de la salud, rezaba el artículo 50: “El Estado debe velar por la conservación y protección de la salud del individuo y de la sociedad, como uno de los derechos fundamentales de estos. Los indigentes y carentes de recursos suficientes recibirán, en los centros de salud del Estado, tratamiento médico gratuito.
Artículo 51. Todos los asuntos atinentes a la salud e higiene públicas estarán a cargo del Estado, el cual cuidará porque la legislación sobre la materia esté dirigida a procurar el perfeccionamiento físico y mental de los habitantes de la República. Se declara de alto interés social la implantación de la sanidad rural. Artículo 52. Es deber básico del Estado velar porque el pueblo disfrute de una alimentación nutritiva y abundante, obtenida a bajo costo”.
Siete años después del golpe septembrino Bosch aspirando de nuevo a dirigir los destinos nacionales reflexionaba de la siguiente manera: “Para que el pueblo disfrute del derecho a la salud, que es tan sagrado como el derecho a la vida, es necesario que todos comprendamos que no puede haber salud buena allí donde no hay la casa sana en sitio sano, la comida necesaria y nutritiva, la ropa indispensable y la escuela y las universidades donde se desarrolle la inteligencia. Una persona que viva en un piso de tierra o en un rancho de yaguas no puede tener buena salud, porque adquiere las enfermedades en el ambiente; un niño que no coma diariamente una determinada cantidad de carne y de leche, no podrá ser un buen estudiante, porque la falta de esos alimentos rebaja su capacidad intelectual; la mujer que por falta de ropa tiene que andar con un traje sucio se enferma a sí misma y enferma a los que viven a su lado, y el hombre sin conocimientos, el que no ha podido estudiar, cae enfermo fácilmente porque no sabe evitar las enfermedades”.
El tipo de gobierno que visualizaba el maestro para la década de los setenta del pasado siglo debía centrar sus mayores y mejores esfuerzos en: “…evitar las enfermedades, a evitar las epidemias mediante vacunaciones masivas de todo el mundo, y también a evitar los males que no son epidémicos mediante una educación sostenida del pueblo en todo lo que se relacione con la salud; hay que enseñar a la gente a convertir en pura el agua impura, a mantener limpia su casa, su ropa, sus animales domésticos y los trastos que usan en sus quehaceres diarios; hay que preservar la salud del niño cuando todavía se encuentra en el seno de su madre; hay en fin, que desarrollar hasta el máximo posible la aplicación de la llamada medicina preventiva; y si no se hace así , no podrá asegurarse la salud del pueblo, y este mismo lo dice cuando asegura que “vale más prevenir que tener que remediar”.
¿Qué tan apegados al pensamiento sanitario boschista hemos estado?