Juan José Ayuso, in memoriam 1940-2017

30_12_2017 30_12_2017areito Areíto8

Mi padre nació en La Vega, y desde muy temprana edad fue traído junto a sus hermanos Josefina y Felifrán a Santo Domingo donde, salvo unos cuantos años que vivimos en Santiago, se desarrolló como poeta, periodista, investigador y escritor autodidacta, en ese orden y con la mención, a mucha honra, de que nunca tuvo la oportunidad de obtener títulos académicos. Nos tocó a mi hermana Leticia y a mí conseguirlos en universidades locales y extranjeras, con el esfuerzo tenaz de él y de nuestra querida madre Luz Delfina.
Inició su labor periodística a los 20 años y fue reportero, investigador y columnista de los diarios El Caribe, Listín Diario, Última Hora, El Nacional, La Noticia y El Sol. También tuvo una breve, pero intensa actividad académica cuando fue director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad Católica Madre y Maestra (1968-1972) y miembro de la Junta de Regentes del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) (1974-1975).
En 1965 participó en la Revolución de Abril desde el Frente Cultural, en cuya trinchera un grupo de intelectuales, artistas y poetas luchó en defensa de la soberanía. De esa época la publicación del histórico poemario “Pueblo Sangre y Canto”, donde publicaron poemas épicos René del Risco y Bermúdez, Abelardo Vicioso, Rafael Astacio Hernández, Pedro Mir, Miguel Alfonseca, Máximo Avilés Blonda, Pedro Caro, Ramón Francisco y mi padre, con su “Canto a Jaques y a los otros”, emotiva elegía al poeta haitiano Jacques Viau muerto en combate contra el invasor.
Ese libro, del que mi padre conservó con celo un ejemplar original firmado por todos los poetas publicados, y que hace unos pocos años la UASD reprodujo, incluye una Declaración de los Artistas cuyo párrafo segundo expresa: “El arte, integrado como actividad colateral a la lucha armada, ha constituido una fuente de impulso al espíritu indomable que mantuvo en la trinchera vivo el heroísmo e inagotable la fuerza”. Luego, con solo 25 años, fue director de Prensa del Gobierno Constitucionalista del coronel Francisco Alberto Caamaño (1965) y realizó esa misma tarea para el Gobierno Provisional de Héctor García-Godoy (1966). Surgido a raíz de la Revolución Constitucionalista, formó parte del grupo literario El Puño (1966).
En cuanto a lauros por su carrera literaria y periodística, el ensayo “Pasajeros en Tránsito” obtuvo la primera mención de honor del concurso acerca de la identidad dominicana de Unión Latina (1992). Ganó en la categoría Columnista el Premio a la Excelencia Periodística, de la Fundación Arturo J. Pellerano Alfau (1994) y el Premio de la Fundación Corripio, Periodismo Escrito (2011).
En ensayos, publicó “Balaguer (notas cotidianas para un ensayo)” (1995); “Más o menos. (ensayos sociopolíticos)”. (1996); “Todo por Trujillo” (1999 y 2005); “CDE Monopolio estatal y libre empresa 1961-1999” (2000); “Estilo urgente. Notas de redacción y dicción” (2002); “En busca del pueblo dominicano” (2003); “El sargento Douglas Lucas” (2010); “Pagar o Matar”(2010); “Historia pendiente. Moca, 2 de mayo de 1861” (2010); y “Lucha contra Trujillo 1930-1961” (2010). Inédito, escribió “Mi esclava nombrada Elena” (2008).
En el 2016 el Ministerio de Cultura publicó un tomo con su Poesía Completa, que incluye “Bienaventurados los cimarrones” (1979); “De once varas. Filosofía de patio” (1980); “Cantonía” (1985); “Memorias a destiempo” (1987), y el poema “Canto a Jacques y a los otros” (2015). Agradecemos con el alma al entonces ministro José Antonio Rodríguez, muy apreciado por mi padre y por nuestra familia, por la feliz iniciativa y el tesón para que esta obra viera la luz.
Ahí está el legado literario tangible, junto a miles de conferencias en temas de historia, literatura y ética profesional del periodismo y proyectos para instrucción y educación sistemáticas a través de la radio y la televisión en los temas de historia, derechos y deberes constitucionales, gramática y estilo, literatura, cultura dominicana y comunicación.
También queda en la historia su legado patriótico, que bien lo resume este poema: “Empezamos a morir en abril / Morimos en Abril / y renacimos / Nacimos en Abril / y remorimos / Nadie lo sabe aún. / Lo claro es que morimos. / Lo duro es que morimos. / Empezamos a morir en Abril. / En Abril murió todo. / En Abril nació todo. La esperanza…”. Por igual, la lucha sin cuartel de mi padre, pluma en mano, contra la corruptela y los crímenes del despotismo ilustrado de los fatídicos 12 años del Dr. Joaquín Balaguer.

Ahora me toca resaltar su otro legado, sin dudas el más trascendente para sus familiares porque lo sentimos y vivimos en la intimidad: su bonhomía. Una vez me señaló que no presumiera la buena fe de las personas, quizá para intentar prevenir desilusiones a veces inevitables dada la variopinta condición humana. No obstante, él prodigaba bondad y sentía gran satisfacción cuando compartía sus conocimientos; fue hombre de familia cuyo matrimonio con mi madre duró toda una vida y, en fin, que todos quienes lo conocieron coinciden en que su vida fue un infranqueable ejemplo de dignidad, honestidad, decencia y verticalidad.

En mi nombre y en el de su esposa Luz Delfina hoy viuda de Ayuso, de su hija Leticia; de sus hijos por la fuerza del mutuo cariño Ketty, Leoncio y Analeticia; de sus nietos Mauricio, Nicolás, René, Eugenio, Juan Alejandro, y por acogida, Nelson, de su biznieto Mauricio André quien le alegró sus últimos días; de su hermano Pedro Antonio y de sus hermanas legada Pilar y adoptiva Belkis, y en el de los demás miembros de la familia, agradecer profundamente las condolencias y las muestras de afecto y solidaridad por el fallecimiento de nuestro querido padre Juan José.

También extender nuestro agradecimiento a quienes nos acompañaron el pasado 28 de diciembre cuando depositamos sus cenizas en el Columbario del Jardín Memorial, en especial a su entrañable amigo Rafael -Fafa- Taveras por tan conmovedoras palabras. Por igual a sus compañeros de ruta Cristóbal Pérez Siragusa, Diómedes Núñez Polanco y Pedro Pablo Fernández, quienes tuvieron breves y sentidas palabras de elogio a la trayectoria humana y literaria de mi padre.

Por último, recordar su columna Al Día del verano de 1986 que comenzaba con esta frase: “Un papá poeta puede ser una carga sumamente difícil de llevar para un muchacho”. Asumo coincidir con mi querida hermana Leticia que no fue así Poeta, que tener un buen padre poeta siempre nos llenó de un inmenso y sano orgullo. Por ello, dedicarte estos versos escritos por ti a Jacques Viau y que hoy iluminan tu recorrido final hacia el infinito: “Hoy igual que ayer / Todo él va delante / Entre helicópteros / Montado en una estrella, / Abriendo un surco claro para que el sueño quepa”.