Juancito Rodríguez, el postergado

0909

El Archivo General de la Nación, el día 3 del mes que discurre, propició un panel para recordar y analizar el intento de un grupo de expedicionarios para constituir un movimiento revolucionario internacional, cuya finalidad era derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
Los panelistas elegidos fueron: Porfirio Rodríguez Iriarte, Eliades Acosta Matos y nosotros. El acto fue presidido por una enjundiosa introducción del director del Archivo, licenciado Roberto Cassá. En este encuentro se distinguió la participación decisoria del señor Juan Rodríguez García “Juancito”, cuyo nieto Porfirio fue el primer expositor y alabó el espíritu de desprendimiento y la firme decisión que mostró su abuelo en dicho abortado intento para la eliminación de una de las más oprobiosas dictaduras del continente americano.
Conforme a mi criterio, entendí que la persona que debía destacarse era la de Juancito, quien era a la vez el financista y comandante de los expedicionarios, que habían sido traslados para su entrenamiento a un pequeño islote en la costa de Matanzas, Cuba.
El rico terrateniente Juan Rodríguez García “Juancito”, quien inicialmente había sido diputado en el Gobierno de Trujillo, tuvo serias dificultades con él, ya que este resentido avaricioso tenía celos persistentes, especialmente en la ganadería que poseía en miles de tareas en la región de Jima, La Vega, en donde pastaban más de quince mil reses. Trujillo, un incipiente ganadero, intentaba apoderarse de los mejores ejemplares bovinos, especialmente aquellos de alta genética y le mantenía un acoso perenne, lo cual obligó, a que Juancito le solicitara autorización para trasladarse a Puerto Rico para comprar excelentes ejemplares. Para esos fines, le solicitó a Trujillo, además de los 200,000 dólares que ya había depositado fuera, la cantidad de 500,000.00 dólares, solicitud que le fue aprobada, saliendo del país el 1ro. de febrero de 1946.
Para destacar la inmensa fortuna de Juancito, es preciso señalar, que el medio millón de dólares significó el 8.8% del presupuesto de la nación para ese año que fue de 48.6 millones de dólares. Además, poseía la mejor plantación cacaotera del país, unas doce mil tareas en la sección Barranca de La Vega, finca que después de su partida, la otorgó en usufructo a paniaguados de su régimen, como el general Ludovino Fernández, Porfirio Rubirosa y otros.
El general Juancito Rodríguez se empecinó en gastar su inmensa fortuna en derrocar a Trujillo, para lo cual se unió a los exiliados dominicanos que se movilizaban entre Venezuela, Cuba y los Estados Unidos. Con su fortuna, compró las armas, aviones, barcos y pertrechos para la programada invasión. Al no poder adquirir fusiles y ametralladoras en los EE.UU., recurrió a su amigo Juan José Arévalo, presidente de Guatemala, para adquirir 1,000 fusiles automáticos de Argentina, cuyo presidente Juan Domingo Perón, los vendió pensando que era para el ejército guatemalteco. Una vez comprobó su destino, en ocasión de la toma de posesión de Trujillo, le envió como regalo 1,500 fusiles automáticos y una gran cantidad de parque para los mismos.
Al fracasar el proyecto Cayo Confite, Juancito se trasladó primero a Venezuela y luego a Guatemala, desde donde planificó en el año 1949, la invasión de la República por tres aeronaves que partieron hacia la costa norte de la República. Desgraciadamente solo pudo llegar el modelo Catalina por la Bahía de Luperón, ya que las otras dos aeronaves, en una de las cuales viajaba Juancito, fueron detenidas por las autoridades mexicanas en Cozumel. Los expedicionarios llegados por Luperón, después de la destrucción de la aeronave, fueron apresados, incluyendo su comandante Horacio Ornes Coiscou y el papá de mi comadre Rosa, Tulio Hostilio Arvelo.
Muchos de estos fracasos se debieron al equipo de espionaje que tenía Trujillo en el exterior. En el caso de Cayo Confite, conquistó al Jefe del Ejército Genovevo Pérez Damera, quien desmanteló el cuartel general del islote. Debemos también señalar, que el gobierno estadounidense estaba en contra del derrocamiento, ya que habían sido contactados el presidente Betancourt de Venezuela, Juan José Arévalo de Guatemala, Elie Lescott de Haití y los líderes dominicanos Juan Bosch, Juan Isidro Jiménez Grullón, Leovigildo Cuello y Ángel Morales entre otros, a los cuales se les tildaban de comunistas.

Juancito Rodríguez gastó su enorme fortuna para derrocar a Trujillo con el infortunio que cuando se vio arruinado, tuvo la determinación de quitarse la vida en Maracaibo, seis meses antes de que el sátrapa fuese ametrallado en la capital dominicana.

En una entrega anterior, ante la apatía de las autoridades del Cabildo de Santo Domingo, de Efemérides Patria y del Congreso Nacional, habíamos propuesto que la actual avenida Sarasota, la cual obtuvo ese nombre por un proyecto de ciudad gemela, sea designada con el nombre del ilustre hombre que lo dio todo por la patria: el general Juan Rodríguez García “Juancito”. De ese modo, aunque tardíamente, los dominicanos le rendiríamos un homenaje permanente a ese gran patriota.


COMENTARIOS