Juany Uribe

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Entre mis coetáneos, la sonrisa y el amor, la eficiencia y la solidaridad, la discreción y la militancia sincera, constante, sin dobleces, refulge Juana Emilia (Juany) Uribe Moreau.
Muchos saben de sus desvelos, de su lealtad inconmovible para todos sus compañeros y amigos, pero, de manera especial para José Francisco Peña Gómez, el último líder cuya influencia sobre las masas le permitió quebrarle el pulso a Joaquín Balaguer, último caudillo del siglo XX.
De ese inconmensurable líder fue Secretaria, confidente, amiga, enllave, con su sonrisa, con la palabra precisa ante cualquier situación difícil, con una gran visión de futuro, profundidad y conocimiento del pasado.
Juany era el pasado, el presente y el futuro simbolizados en una sola persona de una entereza a toda prueba.
Amiga de sus amigos, buena esposa, buena madre, muy querida de sus parientes, compañera entrañable, amiga de sus amigos, de una solidaridad y una discreción que sirve de ejemplo a muchos que desconocen, quieren desconocer y soslayan el respeto a los principios fundamentales contenidos en los Diez Mandamientos.
Como buena hija y heredera del maestro de la palabra e investigador y conocedor profundo de los intríngulis del idioma, don Max Uribe, Juana Emilia era referente obligado para muchos que abrevamos en la finura de sus conocimientos del idioma.
Ahora veo, en la hora de su muerte, que muchos la reconocen como Secretaria de José Francisco Peña Gómez, pero ella fue mucho más que eso para su amigo Peña Gómez, era fue también, una maestra que supo guiar al líder, contacto, finura y discreción, por el ejercicio de la palabra escrita.
Para finales de 1965 Juan Bosch inició un cursillo sobre la composición social dominicana para introducir a los jóvenes del Partido Revolucionario Dominicano en el análisis mediante un método que permitiera ver con claridad cómo y por qué se movían las distintas fuerzas que interactúan en el escenario nacional en los encuentros y desencuentros.
En ese tiempo Eduardo Delgado, Juany y yo manejábamos una grabadora de carretes grandes cuyo contenido vertíamos en documentos escritos que dieron origen al libro de Juan Bosch titulado: Composición Social Dominicana, que comenzó a publicar por entregas en la Revista Ahora.
El ocultamiento de Peña Gómez, en 1973, era real, lo perseguían para matarlo, Bosch jugó una cabeza, una quisonda, un mutis que favorecía a su jefe político Joaquín Balaguer. En Bosch, el clandestinaje era otra pantomima.

Fue la discreción de Juany la que permitió que se conocieran los documentos de Peña Gómez escritos en la clandestinidad de 1973 poco después del desembarco y asesinato de Francisco Alberto Caamaño Deñó.
Es esa gran militante, esa gran amiga, esa gran hermana, la mujer que se fue, cuyos discretos aportes y su perfume permanecerán para siempre entre nosotros.


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