Jugada maestra: La independencia efímera reformista

Las declaraciones de independencia en el mundo resultaron de jornadas históricas y heroicas de muchos pueblos que fueron sojuzgados y explotados por potencias e imperios. La independencia “política” que ha proclamado el Partido Reformista no tiene nada que ver con la independencia económica, social y geográfica que declaran las naciones; es, realmente, una separación virtual de su línea de respaldo al gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que luce como una movida de ajedrez planificada por un maestro para las elecciones del 2016, basada en la movilidad y/o independencia del segmento de votantes que generalmente no tienen militancia política, pero que fueron bien definidos por el fenecido presidente Balaguer como “la masa silente” de la que el reformismo siempre se nutrió y a la cual él envolvía en el sortilegio de sus discursos.

La parte de la ciudadanía disgustada con los dos partidos mayoritarios, necesita un recipiente y, sabiamente, “alguien” convenció a los dirigentes reformistas de declararse independientes (¿opositores y defensores de los desposeídos?) y captar parte de ese caudal de votos, restándole al dividido Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y a la potencial “Convergencia” posibilidades de crecimiento, mientras se fragmenta a la oposición en tres bloques: PRD (Miguel Vargas), PRD Convergencia y Reformista independiente.

Con esa jugada se anula la posibilidad de que la oposición logre el 50%+1 en la primera vuelta electoral del 2016, mientras se garantiza al gobernante peledeísmo y las residuales rémoras del pacto patriótico, un triunfo en la segunda vuelta que coincidirá con el final de la independencia efímera reformista que, a diferencia de la que duró dos meses en 1821, durará exactamente dos años.