La ADP que la escuela necesita

La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) es lo que en la jerga sindical se llama un gremio combativo, de vanguardia, de lucha. Como tal y siguiendo una tradición dominicana que nació después del ajusticiamiento del tirano Trujillo, practica el vanguardismo y el luchismo, dos patologías que destruyen a las organizaciones que las padecen y desvalorizan las reivindicaciones que levantan. Se creía que en los últimos años, con los logros alcanzados por los maestros, siempre amparados y protegidos por la ADP, el vanguardismo sindical de esta organización menguaría. Pero es muy poco lo que ha cambiado. El tiempo pasa, corre y cambia pero la ADP no varía sus métodos de lucha. Ya es tiempo, sin embargo, de que los dirigentes adepeístas comprendan que la sociedad quiere modernizar la escuela, mejorar los métodos de enseñanza, dignificar la carrera del magisterio, conquistar la calidad que falta y convertir a las aulas en verdaderos santuarios del saber y de la ciencia. Pero para que estas aspiraciones se conviertan en realidad la escuela y la sociedad necesitan que la ADP abandone sus tradicionales medios de reclamos y se acerque, sin renunciar a sus principios y a sus demandas, al espíritu de estos tiempos. Los profesores jamás deben renunciar a la militancia gremial. No se trata de eso, al revés, una sociedad con sindicatos fuertes, inteligentes y representativos de los intereses de sus feligresías, siempre será una sociedad democráticamente vigorosa. La sociedad necesita de la ADP, la escuela y los maestros necesitan de la ADP, pero los estudiantes, los maestros, el sistema educativo y la nación necesitan una ADP que no saque a los maestros y a los escolares de las aulas, una ADP que rechace la tentación del luchismo.
El ministro de Educación, arquitecto Andrés Navarro, acaba de pedir a la ADP que termine con la práctica de paralizar las escuelas ante cualquier demanda, legítima o no. Este diario respalda esa solicitud.
El futuro dominicano necesita y necesitará muchos esfuerzos de nuestros docentes. Porque sobre ellos recae la responsabilidad, conjuntamente con las familias, de hacer que nuestros niños y jóvenes amen el saber, la ciencia, que sientan curiosidad por entender los procesos y los sistemas que comprenden y explican el mundo que nos rodea. No hay, pues, tiempo que perder.
Por supuesto, el ministerio de Educación tiene la responsabilidad de crear un dispositivo claro y funcional para que la ADP sea escuchada y atendida en sus reclamos y aportes. La ADP debe ser, por lo demás, la principal veedora de nuestro sistema educativo.

 


COMENTARIOS