La América Hispánica

Federico  Henríquez Gratereaux

El año 1492 fue un año extraordinario en la historia de España. Fue el año de la caída de Granada, último reducto de la ocupación árabe de la península ibérica; también año de la expulsión de los judíos y del descubrimiento de América. Tres sucesos de enorme importancia política, económica, cultural. Debemos añadir que, en 1492, Antonio de Nebrija presentó a la reina Isabel la primera gramática de una lengua vulgar. Isabel la católica preguntó: ¿para qué sirve una gramática? Antes de Nebrija poder contestar, el obispo de Ávila, antiguo confesor de la reina, aclaró la importancia de las lenguas para la transmisión de la cultura.

Al presentar al autor de la gramática, en Salamanca, fray Hernando de Talavera dijo a la reina: “Después que Vuestra Alteza meta debajo de su yugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos tengan necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces por este arte gramatical podrán venir en conocimiento de ella, como agora nosotros deprendemos del arte de la lengua latina para deprender del latín”.
La lengua española se extendió con el descubrimiento de América, desde las Antillas y Centroamérica hasta la Patagonia. Fue una suerte de “nueva romanización derivada”. Pero sobre una extensión territorial mucho mayor que Europa. Ahora es, para los hispanoamericanos, el idioma de todos los días, la lengua en la cual pensamos y escribimos nuestras literaturas. En esa lengua cantamos y hacemos poesía. El descubrimiento de América dio lugar al mestizaje entre los pueblos aborígenes, blancos europeos y esclavos procedentes del África. Negros y blancos son dos “razas extranjeras” llegadas a raíz del descubrimiento.
En España existen grupos de izquierda que cuestionan la celebración del día del descubrimiento, como “fiesta nacional”. En América también hay grupos que rechazan el “día de la raza”. Estas actitudes, en ambos lados del océano, pecan de “ingenuidad antropológica”. Es imposible renunciar a nuestra sangre -negra o blanca-, ni a la lengua materna asumida o heredada. Sangre e idioma son, para todos los fines culturales, dos sucesos irreversibles. El quechua se escribe con letras latinas y nuestro merengue tiene melodía hispánica y acompañamiento africano.