La aventura de la vida

Recientemente conversaba con un grupo de amigas el por qué vivir experiencias nos hace mucho más feliz que tener posesiones. Si analizamos los recuerdos más lindos de nuestra infancia, nos daremos cuenta que los que guardamos con más cariño, son aquellas experiencias vividas en unas vacaciones (por ejemplo) y no así el objeto X que compramos.
Estoy convencida de que las experiencias y los conocimientos de una persona se forman a través de los pequeños y grandes acontecimientos que han formado su vida, y por eso, una vida rica en vivencias dota a la persona de aprendizajes y recursos para afrontar las situaciones cotidianas con mayor capacidad de respuesta y resolución.
A veces pienso en los mejores recuerdos que tengo en mi mente y definitivamente no son de cosas tangibles, si no de esas experiencias que he vivido, tanto positivas como negativas, porque esas negativas también me han enseñado valiosas lecciones.
Alguien mencionaba que es verdad que los bienes materiales nos producen satisfacción al comprarlos, pero resaltaba que al cabo de unos días perdemos totalmente ese poder gratificante, el enfrentarnos al llamado “efecto adaptación”.
Siempre he dicho que esta es una sociedad materialista en la que se nos incentiva a comprar cosas que no necesitamos, solo por dejarnos llevar de esas redes que viven del consumismo material, donde prima el “valor” de las personas no por lo que son, sino por lo que llevan puesto y en qué andan montado.
Pero aparentemente la mayoría de las personas desconocen, que existen investigaciones que han reflejado que el consumir aporta una gratificación únicamente momentánea, sin embargo, con el tiempo nos queda una sensación de vacío.
En realidad, no importa la edad ni el tiempo que nos reste de vida, sino las experiencias que tenemos. Estoy segura que más de una vez hemos tenido deseos de hacer algo nuevo. Esto es muy normal ya que las experiencias generan una satisfacción incomparable. Y yo particularmente entiendo que una de las experiencias más enriquecedoras, sin duda es viajar, cuando no se ha viajado, nuestro mundo es el entorno inmediato. Por eso la vida, las experiencias y el aprendizaje que nos dejan huella son una auténtica inversión para un futuro feliz.
Hace unos años conocimos la experiencia sobre un reality que fomentaba el vivir única y exclusivamente con lo necesario para subsistir y desechar aquellas cosas que no necesitamos, para encaminarnos hacia el minimalismo.

Es probable que conozcamos este concepto ligado al arte o diseño, pero resulta que también se aplica a nuestro estilo de vida. Siendo consciente de lo realmente importante y eliminar lo demás.


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