La batalla del Atlántico

El envío de armas, petróleo y comestibles en general, desde los Estados Unidos de América a Inglaterra, era absolutamente indispensable para la sobrevivencia de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. También Canadá, el Caribe y Suramérica contribuyeron substancialmente. Obviamente para lograr el objetivo los mercantes americanos y canadienses, en menor medida los demás, tenían que cruzar el vasto océano Atlántico donde submarinos alemanes los interceptaban y hundían.

La Armada de Alemania estuvo comandada por el Gran Almirante Erich Raeder hasta 1943, cuando Hitler lo destituyó en un ataque de ira ocasionado por no detener un convoy Ártico. En su lugar nombró al Gran Almirante Karl Doenitz, que había dirigido el cuerpo de submarinos desde el comienzo de la guerra y traía consigo gran experiencia pues durante la Primera Guerra Mundial Comandó el submarino UB-68 que al final de ésa fue hundido y tomado prisionero por los ingleses. En el campo de concentración desarrolló el concepto que luego llamó “Rudeltaktik” (manada de lobos/wolfpack). Por parte de los ingleses comandaba el Almirante Sir Max Horton, digno adversario de esos Grandes.

La enseñanza aliada derivada de la Primera Guerra Mundial concluía que si los navíos de la armada estaban equipados con sonar (ASDIC, siglas en inglés) para ubicar los submarinos como, además, podían escudriñar la superficie visualmente, entonces todo estaría bajo control. La deducción obtenida de la Primera no resultó válida en la Segunda, los submarinos alemanes organizados en grupos de 20 o 30, navegando en la superficie eran más rápidos que los barcos aliados, en adición, estaban equipados con potentes equipos de transmisión y cuando uno de ellos localizaba un convoy, no solo avisaba los demás, sino que le ganaba la carrera a las escoltas al punto donde estarían esperando los otros de la manada.

De no haber sido por la estupenda producción de la industria estadounidense probablemente los ingleses también hubieran sido derrotados por los alemanes. En todo caso, al tiempo de la Conferencia en Casablanca, nadie del lado aliado estaba satisfecho con lo que sucedía en el Atlántico y el impedimento de suplir a Inglaterra hacía que Alemania fuera dueña y señora de Europa, si Inglaterra caía la recuperación del continente, quizá no se lograría.

El colapso de Francia, Bélgica y Holanda en mayo y junio de 1940 y el desastre de Dunquerque, permitió a los submarinos alemanes entrar al Atlántico directamente por la bahía de Viscaya en vez de dar la vuelta por Escocia, facilitando aún más el trabajo alemán. Pearl Harbor en diciembre de 1941, inauguró la guerra del Pacífico, obligando a los EE.UU.A, a dividir sus esfuerzos bélicos, simultáneamente Hitler le declaraba la guerra. Aun así en cualquier momento había miles de mercantes aliados en el Atlántico agrupados en distintos convoyes.

Las pérdidas Aliadas alcanzaron 750,000 toneladas de desplazamiento en 1939, aumentando a 3.9 millones en 1940, 4.3 millones en 1941 y 7.8 millones en 1942. Mientras que las pérdidas de submarinos eran totalmente sostenibles por la industria alemana. La inteligencia descifró el código inglés primero, de forma que el B-Dienst en ocasiones sabía la ruta de los convoyes aliados aun antes de salir de puerto, en contraste, Bletchley Park tenía dificultades para leer los mensajes alemanes.

Ambas partes trabajaban intensamente en el mejoramiento de los armamentos disponibles y la invención de nuevas armas. Los alemanes introdujeron mayores submarinos y torpedos más potentes, sin embargo, la batalla empezó a inclinarse a los aliados con la introducción de nuevas cargas de profundidad lanzadas por Catalinas, Liberators B-24, Sunderlands, Fortalezas B-17, B-29, estos aviones de largo alcance que podían partir de Labrador o de Inglaterra y llegar a los submarinos. La decodificación de Enigma, el HF-DF High Frequency Detection Finder, la aparición del fabuloso radar de 10 centímetros de longitud de onda, los reflectores Leight y las granadas múltiples Hedgehog, así como modestos portaviones de escolta adecuados para acompañar los convoyes. Estos desarrollos científico-técnicos hicieron que la efectividad de los submarinos alemanes disminuyera gradualmente.

En fin, la batalla del Atlántico se concentró en nuevas formas de detectar al enemigo y liquidarlo, con medios y armas de avanzado diseño y eficacia. La batalla del Atlántico más que ninguna otra batalla marina fue una guerra de científicos e ingenieros.