La bondad de las crisis

José Miguel Gómez

La sociedad del entretenimiento, del consumo, del confort, del éxito y de la conquista de la autogratificación inmediata se niega a conocer la palabra crisis. Existen personas que prefieren autoengañarse, victimizarse y entrar en la negación antes que reconocer una crisis. El problema es que siempre asociamos la crisis con fracaso, con frustración, con derrota, con impotencia o con una experiencia que la padecen personas “débiles”, “sin carácter”, vulnerables y fracasadas. De ahí que muchas personas opten por el silencio ante una crisis, por convertirla en una pena muda, en un aislamiento social, o en un escapismo que les lleva a refugiarse en las drogas, el alcohol, o en un proceso inadaptativo.
Como psiquiatra y psicoterapeuta he tenido que acompañar a familias, parejas, políticos, empresarios, estudiantes, pastores, sacerdotes, maestros, etc., en medio de la tormenta de una crisis psico-emocional, que les trastorna el sueño, el pensamiento, que les altera el humor y la conducta, que les bloquea su cognición y no los deja pensar, ni organizar una salida asertiva, inteligente y adaptiva a su conflicto. Todos hemos vivido o vamos a presentar en cualquier momento o circunstancias, situaciones o experiencias desagradables que nos impactan en la vida; que nos llevan a reaccionar de forma hasta impredecible, llegando a perder la capacidad de medir consecuencias y riesgos. A esta condición de vulnerabilidad y de incapacidad para gestionar una vivencia de frustración se le llama “crisis”. Como la vida es dinámica, estamos expuestos a vivir crisis económicas, sociales, circunstanciales, efectivas, emocionales, psicológicas y existenciales. Para las crisis no hay edad, ni sexo, ni condición social, ni religión, ni ideología; sencillamente todos estamos expuestos. Sin embargo, una crisis puede ser desgarradora e impactante en una persona si no tiene madurez, tolerancia, inteligencia emocional y social para saber qué hacer, cuándo otros no saben qué hacer; es decir, aprender a ceder, perder, flexibilizar, posponer, esperar y buscar diferentes alternativas de solución. También va a depender para el manejo de la crisis, el tipo de creencias o pensamientos con que funciona la persona, o sea, si responde con creencias distorsionadas o limitantes, con prejuicios, o con emociones negativas, sus respuestas serian inadaptivas, conflictivas y muy riesgosas. Si por el contrario, sus creencias son potencializadoras, flexibles, esperanzadoras, optimistas, asertivas o valorativas antes de actuar, los resultados son diferentes. Pero existen personas para quienes la palabra crisis es una oportunidad, un desafío, una situación para crecer, madurar o aportar soluciones o presentar estrategias y tácticas para salir bien y airoso de ella. Las crisis nos ponen a prueba; son el examen de la vida, nos desnudan y nos ponen en evidencia, tal cual somos, o como respondemos. En los momentos de crisis vemos el cuerpo y esqueleto de la persona, su inteligencia, sus miedos, sus limitaciones, su angustia existencial y su vulnerabilidad humana. Hay personas que una crisis se los lleva o los empuja a un proceso sin retorno. A otras personas les rompe el sentido de continuidad de su vida, del que jamás logran salir. Para otros/as una crisis se convierte en un aprendizaje para crecer, madurar, avanzar y sortear las diferentes circunstancias a la que la vida prosocial y socio-laboral nos espera.

Ante las crisis: prudencia, tacto, acepte la aflicción, llorar, la tristeza y la sensación de amargura y dolor. Acepte las pérdidas, el engaño, la traición, la trampa y los conflictos de las propias dinámicas sociales. Pero aprenda a insistir, persistir y resistir. Aprendan a buscar la ayuda, hable, comparta su crisis y frustración. Aprendan que todo pasa, de todo se aprende, y que todo se supera. Las crisis se llevan a los más vulnerables, a los más riesgosos y a los que no cuentan con factores protectores. Sea resiliente, aprenda a salir bien de las condiciones desfavorables, de la vulnerabilidad a través de la fortaleza emocional, con dignidad, el honor, la identidad, la autoestima, la espiritualidad, la autoconfianza y la autodeterminación. Ya lo saben, las “crisis” son oportunidades para demostrarse a sí mismo que tanto se conocen y qué tan resilientes somos.


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