La calidad de lo que consumimos

La población dominicana consume salami de mala calidad, que contiene colorantes y preservativos peligrosos para la salud y que son fabricados clandestinamente. La revelación, hecha por Altagracia Paulino, directora de Proconsumidor, pone en entredicho el trabajo de organismos estatales que tienen por misión vigilar la calidad de los alimentos, llevar registros de marcas y velar porque solo las empresas debidamente autorizadas puedan colocar embutidos y otros alimentos en el mercado.

  Consciente de su papel, Proconsumidor no escatima esfuerzos para poner orden en todo lo que concierne a los derechos de consumidores y usuarios. Pero llama la atención que los organismos encargados de vigilar que nada nocivo pueda llegar  a la mesa de los hogares. Salud Pública, Digenor y otras entidades oficiales parecen indiferentes mientras al comercio van a parar salamis con sustancias peligrosas y hechos por fábricas clandestinas.

La falta de vigilancia de la calidad incluye otros renglones. Los productores de leche fresca han denunciado reiteradamente que al país ingresan materias primas de pésima calidad para la producción de lácteos. No recordamos que algún organismo competente haya hecho una investigación cuyo resultado permita confirmar o desmentir  denuncias tan graves. Veremos qué va a pasar en el caso de los salamis.

Un escollo que hay que remover

La vida de numerosos pacientes con derrame cerebral está en juego debido a un escollo que los neurocirujanos José Joaquín Puello y Ramón de León Guerra atribuyen al Seguro Nacional de Salud (Senasa), pues no autoriza con la rapidez que imponen las circunstancias los procedimientos de embolización que recomiendan los médicos. Bajo un derrame cerebral, el paciente está en situación de extremo riesgo de perder la vida o sufrir atrofia severa de sus facultades motoras.

Al margen de cualquier consideración que pueda argumentar Senasa, la autorización del procedimiento para intervenir a un paciente afectado de derrame cerebral debe ser considerado una prioridad que no debe estar a merced de escollos. La tardanza en estos casos contradice el espíritu y la finalidad del seguro de salud, que es la de salvar vidas en peligro. Ese escollo hay que removerlo cuanto antes.