La canción social, Nueva Forma, Vitico y la inmensa Sonia Silvestre

Vítico y Sonia en esos días. La misma fue un regalo del periodista Juan Bolívar Díaz, sin que ninguno

Entre las múltiples vertientes de Sonia, la que fue por todas partes cantando todo e incluyendo a todos, elegimos recordarla en su papel de revolucionaria, la que no se sentía cómoda con el mal pasar de los pobres ni con la persecución política que sufrían los disidentes de las dictaduras de esos inolvidables -por la pesadilla y por las utopías- años 70.
Esa Sonia, sensible y joven en el momento de mayor esplendor de su carrera, se cansó de cantar “cancioncitas de amor”, para sumergirse en la canción protesta, en la canción social y en la canción de contenido que proponía la poética de la nueva canción. Pues desde su llegada de su patria chica, Hato Mayor, empezó a asimilarse en grupos cuyo interés estuviera enmarcado en la literatura, teatro, cine y política.
En otro abril, pero de 1972, se presenta oficialmente el grupo en el que Sonia se refugió para sentirse útil más allá de sus románticas canciones que como “El Arañazo”, “Por qué Llora la tarde” y “Donde podré gritarte que te quiero” y una carretilla de números uno en el listado local, la habían llevado al estrellato: Nueva Forma.
Ella misma lo contó a su manera, que no era solo su caso y que conocía a artistas que como ella empezaron “cantando canciones románticas tradicionales y que en la medida en que iban conociendo a la gente, a comunicarse con el pueblo “empiezan a sentirse mal con lo que hacen, y por lo menos en el caso mío, uno está a punto de dejar de cantar, porque uno encuentra que es la cosa más idiota del mundo. Esto así, porque uno no ve utilidad en lo que hace, cuando va a los pueblos y encuentra otra cosa y uno cantando una serie de tonterías. Entonces uno se siente mal con uno mismo y le encuentra más sentido a cantar en favor del oprimido”.
Corrían los doce años del doctor Joaquín Balaguer, muy difíciles para nuestra sociedad, años de asesinatos desde el Estado, de persecuciones y encarcelamientos políticos del lado de la conciencia y de mucha hambre y pobreza en los desposeídos cuya mártir es encarnada en Mamá Tingó, también asesinada, y de alguna manera en la propia artista.
“Ella dejó de ser famosa para meterse en Nueva Forma. Ella dejó su carrera de cancionista romántica, estando pegada, con todos los premios y los reconocimientos del mundo para convertirse en una militante política. Era una excelente compañera de partido (Comités Revolucionarios Camilo Torres -CORECATO-), era guapa, más guapa que el carajo”, refiere Víctor Víctor.
“Siendo hija de papi y mami, de posición económica, prefería ser solidaria con todas las causas políticas que fueran a favor del oprimido”, explica su amiga Henriette Wiese, quien enfatiza que desde los 16 años esta se mostró comprometida con las mejores causas sociales y que fue un ejemplo de mujer “comprometida contra las injusticias, contra la pobreza y la desigualdad y la opresión política”.
Esta aseveración es corroborada por otro de sus compañeros en las lides artísticas con posición política: Claudio Cohen, quien la considera una mujer que vivió “de acuerdo a sus principios” y Tommy García, quien afirma que Sonia es “un extraordinario ejemplo de una gran cantante que sacrificó su propia carrera por el bienestar de las ideas que ella militaba”.
Víctor Víctor y Sonia fueron una mutual indivisible desde que se conocieron en el Centro Universitario Javier, “que era una comunidad que tenían los jesuitas para recibir a los estudiantes universitarios nuevos, que no eran de la Capital. Era un Calanzans chiquito.. Para que se entienda, El Calazans era de los Salesianos y ahí vivían como 200 tígueres, en el Centro Javier éramos de 25 a 30, no pasábamos de ahí”.
Nos cuenta Vitico que fue en un banco de parque del Mirador Sur, donde iniciaron su proyecto artístico, por artistas que tenían otras tantas cosas en común que ya solo faltaba que unieran sus voces y talentos para algo más (Claudio Cohen, José Enrique Trinidad, Tommy García). El elemento unificador de Nueva Forma, según nos cuenta Víctor Víctor era que “escribíamos canciones, que cantábamos canciones y que teníamos una militancia política”. Salvados estos requerimientos, guitarra en mano y en medio de la naturaleza nacieron canciones para todos y para Sonia que “no escribía, pero cantaba lo que los otros escribían”.
En el libro de Carlos T. Martínez, Tomo XV, la propia artista dice que ella “antes de ser cantante ya era militante estudiantil y siempre tuve interés por las problemáticas sociales y la participación social. Siempre me gustó escuchar música de cierto contenido…”.
Refirió entonces, que desde el 1969 ya escuchaba Joan Manuel Serrat, Paco Ibañez, Raimond, Mercedes Sosa, Joan Báez y Bob Dylan y “toda esa gente que estaba participando en todo ese movimiento de la canción protesta, canción política, canción social, nueva canción”.
Uno de sus mayores adeptos fue Silvio Rodríguez, quien también destaca su carácter social con estas palabras: “El compromiso con su pueblo era su estrella. No se apartaba de su esencia. La historia de la República Dominicana, las invasiones que sufrió, sus mártires, sus poetas pleclaros, articularon su equilibrio, como persona y como artista”.
En el 1975, cuando Sonia fue invitada por primera vez a Cuba, se llevó a Víctor Víctor para que la acompañara en sus presentaciones con la guitarra. Más de 20 presentaciones en Cuba, reconocimientos, entrevistas y contactos con la vida cultural del país, caracterizaron esa visita que culminó con su llegada al país el 3 de abril de 1975 con un registro abusivo en el Aeropuerto de las Américas, donde los cuerpos de seguridad le incautaron todo lo que traían, desde un pantalón verde olivo -como pieza sospechosa e izquierdista- hasta más de 200 libros y cientos de discos.
De esa corriente de su sentir artístico, Sonia Silvestre nos legó las producciones como solista: Sonia nueva, Nueva canción (1975), Sonia Silvestre, La nueva canción (1976) y Sonia canta a poetas de la patria (1977). En tanto que con Nueva Forma participó en las propuestas: Canciones para una Isla Nueva, Junio en Primavera, Chile Vive, Neruda, Raíz y biografía.
En 2006, Víctor Víctor decidió publicar una selección de las mejores canciones de esta experiencia y ella se sumó feliz y con el título de “Verdinegro”, los colores de 14 de Junio, renovaron los votos con Adagio a mi país, Gracias a la vida, Canción del elegido, Quiero una madre así, Versainograma a Santo Domingo y La canción debe ser, Con el Ejemplo entre otras.
A Sonia y a Vitico se le escuchó cantar juntos “en montañas y valles, las interpretábamos a guitarrazos, bajo ranchetas, en ermitas, al lado de sembradíos, en las aceras de las fábricas… en los combativos clubes culturales y logramos convertir estos temas en los preferidos de la juventud de los años 70”.