La cultura de no pagar a tiempo

El Estado dominicano debe sentirse compelido a regularizar sus relaciones y pagos con proveedores, contratistas-constructores, centros públicos de salud y de autogestión y otras entidades descentralizadas o autónomas que brindan excelentes servicios a la sociedad. Lo lógico es que la llegada demasiado tardía del dinero genere un desastroso efecto dominó: ¡Todos al agua! Esto da pie a cadenas de impagos que pueden deteriorar servicios y bienes contratados para destinarlos al pueblo. La alimentación escolar caería en precariedades por provenir de mini-entidades sumidas en crisis por la mora. Se empeoran hospitales con peligros para la salud y la vida de pacientes y suben los costos de obras en pago tardío, en desprecio al sacrificio de los contribuyentes que sostienen el Presupuesto. Los engranajes de corrupción se activan por la desesperación de acreedores dispuestos a dejarse “morder” para que les paguen.
La morosidad estatal no tiene excusas y detrás de ella se olfatean ineficiencias burocráticas, con funcionarios reaccionando a última hora. De repente emerge alguien que extrae de su “chistera” alguna solución instantánea. De buenas a primeras llegan unos cheques para tranquilar a la gente que se escandalizó. Queda en evidencia entonces que el colapso a que se ha aproximado el servicio de comestibles en los planteles de todo el país tendría en su origen fallas e inercias en el orden administrativo.

PBI y lo que falta por lograr

Medir la producción en busca puramente de su grosor sin vincularlo a otros aspectos de la vida nacional lleva a comparar al PBI con una fotografía borrosa de la realidad. Se trata de una conteo a groso modo sin sentido social. A veces crecer incluye áreas de la economía que no transmiten un efecto benéfico y duradero a la colectividad a través de la redistribución del ingreso, creación de empleos de calidad y uso de tecnologías avanzadas y de mayor rentabilidad. El PBI expresa mucho el éxito de actividades como la comunicación y los servicios financieros sin reflejarse en un auge de sistemas de producción a partir de infraestructuras industriales y agro industriales que dinamicen las exportaciones y motiven tecnificación de mano de obra. Preocupa que un PBI excepcional no implique más ingresos al Estado para que dependa menos del endeudamiento.


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