La delincuencia cobra terreno

Si se ha hecho frecuente asesinar agentes policiales activos y pensionados al tiempo de ocurrir un desenfreno de civiles hacia el linchamiento de supuestos delincuentes; y un muy poblado sector, como ocurre en Santo Domingo Este, se siente bajo una embestida de asaltantes a toda hora del día, se puede hablar entonces de un alarmante incremento de la delincuencia, en coincidencia con los resultados de una encuesta Gallup-Hoy que la señala una vez más entre las principales preocupaciones de la ciudadanía. Se hace más que evidente la insuficiencia de recursos humanos y materiales dirigidos a combatir el delito y prevenirlos, con todo y la novedad de las cámaras de vídeo y la captación de denuncias por el 911.
Preocupa a los ciudadanos el poco efecto que contra el delito logra la Justicia, abrumada de trabajo y reducida en su impacto sobre antisociales para colocarlos bajo rejas. Aun cuando las cárceles están congestionadas (más por escasa dimensión que por abundancia de inquilinos) un alto porcentaje de delincuentes que la Policía apresa o mata figura con prontuarios impresionantes. Frecuentes son los crímenes con uso de motocicletas, ligadas además a muchos accidentes. Infractores y delincuentes se desplazan sin temor a una efectiva persecución de la autoridad. Como alto es también el índice de asaltos para robar celulares al ser tan fácil en este país reactivar aparatos electrónicos robados.

El efecto de hacerlos huir

Tras la horrenda muerte de unos esposos dominicanos a manos de dos haitianos que luego escaparon, los habitantes de Pedernales pasaron a un conflicto consigo mismo. Un repudio generalizado a los inmigrantes hizo que numerosos de ellos regresaran en estampida a su país, haciendo caer la poca actividad comercial que da vida al lugar. Como bien se sabe, con la inmigración allí se ha vivido como chivos sin ley.
Gente del otro lado de la frontera que ha transcurrido en un ir y venir como si se tratara de un solo país, al margen de regulaciones que propicien la permanencia en paz de extranjeros y nativos. Pero han venido y se han asentado en número excesivo sin la armonía y el orden imprescindibles para un poblado pequeño al que le conviene que haya actividad económica y que las autoridades hagan valer la frontera.


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