La democracia necesita bibliotecas

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TERESA PERALTA*

En todo el mundo, las bibliotecas juegan un papel importante y son parte del proyecto nacional y cultural de la sociedad.
Las bibliotecas han evolucionado desde meramente pasivas donde se proveía documentos impresos únicamente, a ser espacios vivos y atractivos con todo tipo de información, donde la orientación al usuario facilita el acceso a la información.
Cumplen funciones diversas, facilitan la creatividad y promueven productos y actividades culturales como puntos de encuentros para ciudadanos de todos los niveles sociales. Como espacios públicos sirven a la construcción y defensa de la ciudadanía.
Explica Erika Velásquez (2015): “Las bibliotecas como parte del sistema informal de aprendizaje, constituyen espacios que pueden contribuir a proporcionar alternativas que acorten la brecha digital, disminuyan desigualdades en el acceso a la información, mejoran la calidad de vida.
La misión de la biblioteca pública está avalada por documentos de la Unesco y declaraciones de encuentros en el ámbito de la bibliotecología. Gran parte de estos contenidos se refieren a que es un elemento de la esfera de los derechos sociales.
Democracia y ciudadanía son conceptos muy vinculados a la misión de la biblioteca pública, por su papel en el fortalecimiento cívico. La noción de derechos humanos está relacionada con la difusión y defensa de estos. Un ciudadano sin la educación adecuada y sin acceso a la información está limitado en la vida pública, lo que significa un serio problema social.
Los datos muestran una situación poco ventajosa para la cultura nacional y para el desarrollo educativo de los dominicanos. Datos del Estado y organismos nacionales e internacionales así lo confirman.
En nuestro país existe desde el 2002 la Ley 508 sobre Bibliotecas y el Libro, una herramienta que como la mayoría de las leyes dominicanas duerme el sueño de los justos. El segundo Censo sobre bibliotecas en República Dominicana, realizado por la Biblioteca Nacional en el 2012, arrojó importantes datos sobre la existencia de diversos centros de esta naturaleza, así como sus deprimentes condiciones.
El derecho de acceso a la información es uno de los aspectos considerados históricamente, en las primeras declaraciones de derechos relacionados con las revoluciones francesas y de otros continentes. Este es un derecho de primera generación y sin él no puede hablarse de democracia.
Los ciudadanos dominicanos necesitamos una política estatal clara sobre las bibliotecas públicas y apoyo para la mejora de los servicios de información en todos los niveles.
Sin información, cultura y educación a disposición de la población, no se puede hablar de democracia.

La autora es catedrática universitaria y gestora cultural


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