La desfachatez de los desfalcadores nacionales

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El año, en sus finales, todavía arrastra unos aires de renovación moral, que desde el pasado enero se hizo sentir por todo el país cuando los grupos sociales se dieron cuenta que el derrotero que se seguía desde 1961 no podía sostenerse en la continuidad de ver la corrupción en los gobiernos como un hecho consumado, aceptado y celebrado.
La última encuesta de la Gallup-HOY dio un giro por el repudio que los encuestados mostraron con un rechazo abrumador de la corrupción. En las anteriores encuestas el porcentaje acerca de la corrupción estaba muy por debajo de otros problemas como la delincuencia, costo de la vida y el desempleo.
En el país ha ocurrido una conmoción a raíz del descarado soborno con el que la Odebrecht manchó a todos los gobiernos del continente. Pero aquí todavía se debate si se deben profundizar las investigaciones para acciones legales contundentes y no estar con el amagar y no dar. Y es que los descuartizadores del Estado tienen sus poderosos tentáculos metidos en todas las esferas burocráticas. Y ellos, en su desfachatez, se sienten más tranquilos al ver que se desmorona la lucha moral de los verdes. Los descuartizadores se sienten seguros, y en las semanas finales del año, han sacado a relucir sus mañas para disfrutar de sus riquezas y de la época navideña.
Y como vivimos en un país muy especial, como dice la promoción, la comunidad nacional se espantó cuando un político aliado al gobierno, con una desfachatez increíble, le exigió a uno de sus correligionarios que dejara el cargo para colocar a otro de sus seguidores.
Y probablemente es con el fin de tener puerta abierta para nombrar botellas y llevar a cabo compras sin el debido procedimiento. Tal acción alarmó al país, que Colombo en su comentario certero de El Caribe, lo tildó de una situación capicúa ya que coloca al presidente Medina, quien es el que nombra, para ver si accede en detrimento de su autoridad a las exigencias de un aliado circunstancial con un aporte mínimo del acuerdo electoral para las elecciones del 2016.
El país ha visto con consternación esa exigencia del dirigente del PRD para que el director del IDSS renuncie y el Poder Ejecutivo coloque a uno de los favoritos y abrir las puertas para las botellas y otras acciones poco elegantes. De esa manera el IDSS, en sus tiempos finales de desmantelamiento, será una entelequia de lo que una vez fue un símbolo de calidad para la salud. Y era que los servicios que se ofrecían en el hospital principal del organismo, el Gautier, eran reconocidos por la sociedad con excelentes profesionales y personal de soporte de amplia dedicación. Ya eso no existe y lo poco que queda se busca la forma de destruirlo y hundirlo en el estercolero de las cosas inútiles, que en manos del Estado, desaparecen por culpa de la política y del poco interés y capacidad de sus burócratas.
Los políticos en este año se han quitado la careta y reciben un repudio masivo que se manifestó en los resultados de la última encuesta de la Gallup-HOY. Es que un 89% de la población considera la corrupción como un serio problema por encima de la inseguridad y el costo de la vida. Por primera vez se expresó un repudio abierto a la corrupción administrativa.
Sin embargo en esa encuesta el 60% de la población les importa poco que el candidato que se postula sea señalado como corrupto. Esa encuesta demostró que esa distorsión en cuanto a los candidatos no oculta que la sociedad se cansó de la aberrante corrupción con la consiguiente impunidad que desborda las buenas acciones que lleva a cabo la actual administración en muchas áreas como el de la educación, con logros muy positivos para el futuro del país.
Con la primera serie de manifestaciones multitudinarias de la Marcha Verde quedó evidenciado que una buena parte de la población se cansó del latrocinio y desfalco de los políticos. El icónico ¡Basta Ya! de los 60 del siglo pasado parece resonar con fuerzas en una colectividad ya cansada de los desfalcos descarados de los políticos.
A estos, por las acciones de las últimas semanas, parece que les importa poco ocultar sus ambiciones como es el caso de los legisladores en defensa de sus prebendas de años como aquellas de las exoneraciones, sobresueldos disfrazados de asistencia social y hasta juguetes y canastas navideñas llueven a raudales en estos días, todo a costa de los bolsillos de los contribuyentes.


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