La discriminación de género disimulada

La diferencia salarial y laboral de carácter de género es un problema que todos saben que existe pero que no siempre es visible y fácil de exponer. Con frecuencia se esconde detrás, y debajo, de estereotipos sociales y hasta legales. Además, no en todas las naciones se expresa de igual manera. Aunque múltiples y continuos estudios muestran que, generalmente, en gran parte del mundo se manifiesta una brecha entre los niveles salariales de hombres y mujeres no deja de ser cierto que las fuentes estadísticas son, frecuentemente, insuficientes e imprecisas. Tampoco se puede desconocer que hay países en los que, al menos legalmente, no es permitido que a trabajo igual se retribuya salarialmente con diferencia. Únicamente en el intríngulis de la empresa, en esos casos, se podría conocer si hay un tratamiento desigual en el pago de nómina entre hombres y mujeres pero los empresarios, de existir el fenómeno, y existe en muchos casos, tienen fórmulas de encubrimiento para no exponerse al incumplimiento de la ley.
La discriminación puede quedar escondida detrás de esquemas alternativos de empleo. Una investigación sobre el tema realizado en la Gran Bretaña expuso que una forma de manifestarse de manera encubierta la brecha salarial es a través del mecanismo del trabajo a tiempo parcial. El estudio mostró que mientras uno de cada siete hombres es empleado a tiempo parcial, en el caso de las mujeres es de tres de cada siete empleadas. Obviamente, es usual que la remuneración a tiempo parcial sea menor, el pago por horas es más bajo. Eso debe quedar claro; no se trata de percibir menos por trabajar menor cantidad de horas, es que el pago por horas es más bajo. En el caso de la Gran Bretaña las empleadas a tiempo parciales reciben por horas un 32% menos de lo que reciben las que trabajan jornada completa. Se podrá decir lo que se quiera e interpretarlo interesadamente como mejor convenga pero no deja de ser, al menos en la mayoría de los casos, una forma de discriminación. Ahí se evidencian dos estereotipos que aprisionan a las mujeres en nuestras sociedades; por un lado recurren a tiempo parcial por sus faenas maternales o familiares que las arropan. El otro estereotipo social es que esas cargas caen sobremanera, casi totalmente, en los entes femeninos del hogar.
Con frecuencia se escucha entre la batería de justificaciones el recurso, que deviene probatorio de la realidad discriminatoria, que más hombres ocupan posiciones mejor pagadas. Cierto, pero entonces preguntémonos porque, incluso en sociedades desarrolladas, son proporcionalmente muchas menos las mujeres en posiciones ejecutivas. Otro círculo vicioso del machismo subyacente. Los que toman decisiones son mayoritariamente hombres y optan por contratar varones. Las mujeres que integren el equipo directivo y pretendan asumir posiciones de defensa de género son minimizadas y hasta pueden ser ridiculizadas.

También culturalmente se encubre la marginación de mujeres en el empleo partiendo de lo que se considera, y acepta, como labores apropiadas para hombres y mujeres. Consecuentemente, hombres gerentes y mujeres en administración.