La Doctrina Monroe del Siglo XXI

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Rex Tillerson lo expresó en la Universidad de Austin, Texas, el 1 de febrero del 2017: la doctrina Monroe es tan importante hoy como cuando se escribió. Fue el primer secretario de Estado de la administración Trump. Declaraciones del presidente estadounidense anteriores a la reciente Cumbre del G7 y su respuesta a las conclusiones finales del encuentro, confirman, una vez más, las afirmaciones de Tillerson. En la reunión entre el presidente Trump y Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, celebrada en Bruselas a finales de mayo pasado, habían quedado claros los resquemores y las diferencias.

Nuestro artículo anterior, por una mala pasada de la tecnología, apareció sin sus dos últimos párrafos, los cuales encabezan la colaboración de hoy:
Estados Unidos fue muy impactado cuando el zar Alejandro I de Rusia propuso llevar a cabo la llamada Santa Alianza contra lo que consideraba los demonios que creían en los principios de la libertad y el republicanismo. Los primeros efectos de esa política recayeron sobre España: ante la revolución democrático burguesa de 1820 que desembocó en una monarquía liberal, las potencias europeas convinieron en 1822 en que Francia enviara un ejército para sofocarla y frustrarla: mandaron los llamados Cien Mil hijos de San Luis.
La respuesta estadounidense no se hizo esperar. Inglaterra planteaba que ella y Estados Unidos actuaran en común acuerdo ante la postura de las demás potencias europeas, lo cual fue corroborado por los expresidentes Thomas Jefferson y James Madison. Sin embargo, John Quincy Adams, secretario de Estado de James Monroe, se opuso a esa alianza: consideró que ello tendía a disminuir la imagen de su país ante la opinión pública mundial.

Como se demostraría después, su preocupación no era solo con relación a la Santa Alianza, sino respecto a la Gran Bretaña. El historiador Ramiro Guerra lo explica así:

“La consumada habilidad de John Quincy Adams indujo a creer, durante largos años, que la doctrina se proclamó por la actitud del zar en los asuntos de la costa americana del Pacífico y para contener a la Santa Alianza. (…) pero la verdad histórica es otra. La doctrina se proclamó como una consecuencia directa del choque de los Estados Unidos y la Gran Bretaña en Cuba, en 1822 y 1823; fue un golpe diplomático contra los ingleses, y su objetivo profundo era servir los fines de la expansión”.

En su oposición a la propuesta inglesa de una declaración conjunta angloamericana contra la Santa Alianza, Adams contó con el apoyo del presidente, y en su Informe Anual el 2 de diciembre de 1823 Monroe anunció la posición estadounidense sobre los proyectos de los países europeos con relación a los pueblos americanos:

“Los debates a que ha dado lugar este punto y las disposiciones para concluirlo, se han estimado como ocasión propicia para sustentar, como un principio en el cual se involucran los derechos e intereses de los Estados Unidos, el hecho de que los continentes americanos, por las condiciones de libertad e independencia que han asumido y mantenido, no deben ser considerados, de hoy en adelante, como entidades sometidas a una colonización futura por parte de cualquier potencia europea…”.

Luego de señalar que los Estados Unidos nunca han intervenido en las guerras que han sostenido las potencias europeas y destacar que el sistema político de las potencias aliadas es esencialmente distinto del que rige en América, el presidente Monroe advierte que:

“Toda nuestra nación se ha consagrado a la defensa de nuestro gobierno, logrado mediante la pérdida de mucha sangre y oro, madurado por la sabiduría de sus ciudadanos más civilizados y bajo el cual hemos disfrutado de una felicidad que no tiene ejemplos y la cual debemos, en consecuencia, a la sinceridad y a las relaciones amistosas que priman entre los Estados Unidos y esas potencias manifestando que debemos considerar cualquier esfuerzo que estas hagan para extender su sistema a cualquier parte de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad”.

Lo referido a las relaciones exteriores en el documento que leyó Monroe, es obra de su secretario de Estado, Adams, quien ya en una nota enviada el 17 de julio de 1823 a Rusia, anunciaba la decisión estadounidense de oponerse a futuras colonizaciones europeas en América, además de considerar a su país centinela de la independencia de los pueblos latinoamericanos.

Así nacía la famosa doctrina, y ahora, en los tiempos de Donald Trump, 195 años después, con las correspondientes adaptaciones coyunturales, se expresa como la Doctrina Monroe del Siglo XXI.