La fábula de ¿quién se lo va a creer?

Eusebio Rivera Almodóvar

Cuentan que en un campito de nuestro país, apoyado en su rango y guardaespaldas, un alto oficial presente en una fiesta campesina, abusó de una pareja de novios obligando a la dama a bailar con él, humillándola junto a su compañero. Como el militar era un ser humano, en medio del jolgorio, tuvo deseos de defecar y salió con su espaldero a la letrina de servicio, pero estaba ocupada; no pudo contener su urgencia intestinal y se dirigió a un montecito cercano, sin imaginar que el novio ofendido habría sustraído el arma de reglamento del alcalde pedáneo, quien era el anfitrión de la fiesta, y había seguido al oficial y su escolta, sorprendiendo a este último, desarmándolo; ambos se acercaron al lugar de alivio del oficial, que fue forzado, con un revólver en la cabeza, a tragarse su propio excremento, lo que satisfizo al novio, quien tomó las armas de los dos militares y las lanzó en un río cercano regresando a la fiesta.
El subalterno preguntó al jefe, cómo enfrentaría la grandísima afrenta sufrida y la difusión del incidente por parte del héroe del mojón, y el oficial respondió: No te preocupes, porque ¿quién se lo va a creer?
Viendo una de las presentaciones del doctor Ernesto Fadul, informando de homosexualidad, narcotráfico y corrupción de altísimos funcionarios del actual y anteriores gobiernos, pensé que la fábula campesina es superada con creces por la cantidad de excremento a que aluden las declaraciones de Fadul y gran parte del público y los posibles involucrados, repiten el argumento del alto oficial porque piensan ¿y quién se lo va a creer?


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