La fábula del máximo castigo

Eusebio Rivera Almodóvar

La dama del antifaz, la balanza y la espada se pregunta: Si lo mato, le acabo el sufrimiento y el posible remordimiento; si lo dejo vivo, puedo parecer injusta ante el dolor de los familiares de las víctimas: ¿Qué hago?
El recinto es conocido como “La cárcel de los lisiados”. Ese detalle llamó la atención del Comité de los Derechos Humanos (CDH) y solicitó permiso al gobierno para hacer una investigación. Uno por uno interrogaron a los presos mutilados y la historia se repetía: Seis encapuchados me trasladaron a un lugar silencioso, me amarraron y a través de un distorsionador de sonidos, alguien me dijo: “Si cuentas esto a alguien lo repetiremos antes del año, cuando te toca la próxima; eres uno de los condenados al “máximo castigo”; hacemos justicia por los muertos; hoy te vamos a cortar un brazo; dentro de un año te cortaremos el otro; al año siguiente una pierna y el próximo, la otra; no te dejaremos morir, pero con cada sesión vas a sufrir dolor incontrolable y tendrás que rogar para que te ayuden a comer, hacer tus necesidades y pedirás que, por favor, te maten; pero no lo conseguirás porque nuestra ley de máximo castigo ordena que, por cada muerte horrenda que hayas provocado, te quiten un miembro de tu cuerpo o un órgano no vital pero cuya falta te haga sufrir intensamente. Por ahora sólo te tocan 4 porque mataste a tu esposa y sus tres hijos”.
Los miembros del CDH tuvieron que ser sometidos a tratamiento siquiátrico, porque, al escuchar los horripilantes relatos de los prisioneros lisiados, todos quedaron con deseos de matarlos.