La fe: hacia un concepto científico y pragmático

Rafael Acevedo

Sabemos del valor espiritual de la fe: “Es la que la salva”, se afirma. Poco, en cambio, se destaca lomucho que esta ayuda cotidianamente.
Max Weber, sociólogo alemán, tuvo el acierto de definir el podercomo “la probabilidad de que una orden con determinado contenido sea obedecida”. Obsérvese: a) que el poder no es algo que yo o usted poseemos, sino que es la probabilidad de que seamos obedecidos; y, b) que nuestra orden tiene un determinado contenido, que si alguien nos obedece en cuanto a un asunto no necesariamente nos obedece en otra cosa. Con este enfoque Weber escapó a la trampa de las definiciones dogmáticas y absolutistas, sabiendo que toda definición es una abstracción, incompleta, imperfecta; sus usos son de carácter práctico; sirve para una cosa pero no necesariamente para otras.
Así, los estadísticos han definido “la probabilidad” como “esperanza matemática”. Similarmente hizo San Pablo al definir la fe como “la certeza de lo que se espera (…), la convicción de lo que no se ve”.
La sociología no acaba de descubrir que la fe es, como dijo alguna vez Neruda acerca del amor: “lo que sostiene el techo de la primavera”, o sea, la probabilidad o esperanza de que los otros sean predecibles, confiables e incluso nos amen; aumentando así la probabilidad de que mañana las cosas puedan ir mejor.
Sociólogos y antropólogos han establecido que la sociedad es un sistema de expectativas recíprocas (roles e instituciones); la creencia (la fe) de que puedo salir a la calle contando con que podré fluir de alguna manera más o menos razonable para buscarme la vida; y que en la oficina o el taller estarán nuestros compañeros para ayudarnos a cumplir las tareas de hoy; y regresar a casa, encontrar mi mujer y mis hijos bien comidos y con buen ánimo, con sonrisas para recibirme.
Todoel accionar humano colectivo se basa en la fe y en la esperanza, en nuestros propioscálculos de probabilidades.Una personamiedosa exagerarála probabilidad de ser asaltada, de accidentarse o tener un paro cardíaco; y suele gastar demasiado en precaverse.
Los políticos y los hombres de ciencia deberían estar más atentos al fenómeno espiritual de la fe. Entender que toda la sociedad humana funciona y prospera en base la fe. Lasmadres, ciertamente, saben que sin fe es difícil criar correctamente un hijo (aún las más opulentas y despistadas).
Independientemente de si es cierto o no que crecemos al 6% anual, si lo creemos estamos en mejores condiciones de prosperar, si lo demás lo hacemos correctamente. Los mitos suelen comportarse como hipótesis de trabajo, teorías predictivas provisorias. Los pueblos aúpan demagogos y falsos profetas, convencidos de que la desesperanza es desastrosa. Cuando un políticoserio logra que la gente lo apoye porque él auspicia un proyecto de nación justiciero, el país prospera.
Como encuestador he llegado a saber que Dios suele ocultarse detrás de las probabilidades, que él tiene el control de estas, y suele favorecera los que le creen.


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