La forzada marcha de Leonel

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La breve marcha de Leonel del 2016 buscando su nominación presidencial terminó en un nada honroso naufragio. Pero mal que bien, capeando serias dificultades logró mantenerse a flote en el embravecido mar de la política dominicana. Esta vez, para el 2020, de nuevo sale en búsqueda de su nominación presidencial en una relativa larga marcha que él se adelanta a decir que no tiene vuelta atrás, cosa que sus seguidores lo creen con clamorosa firmeza; lo creen también sus adversarios, aunque con razonable desconfianza. Que Leonel esta vez no dé marcha atrás tendrá un impacto determinante para el futuro inmediato de Danilo y los eventuales resultados del PLD en las elecciones del 2020, y posiblemente salvadora de la historia personal y política de Leonel.
Presionado por diversos sectores y por el amenazante activismo del leonelismo, Danilo preparó y pre pagó una rueda de prensa para decir que en marzo próximo despejará la incógnita de su eventual nominación presidencial, que algunos la consideran ineluctable, pero con argumentos aún no convincentes. La viabilidad de esa nominación, que sería traumática y funesta para esta sociedad en términos legal, institucional y moral, dependerá casi absolutamente de que Leonel dé o no vuelta atrás de una marcha a la que ahora le ha marcado el ritmo que llevan las marchas forzadas: incremento del esfuerzo, determinación y espíritu de combate de sus efectivos y más que éstos, del jefe, quien mayores muestras de arrojo deberá mostrar.
Esta vez, práctica y discursivamente, Leonel está dando visos de que no dará, ni podrá dar vuelta atrás, no sólo por las funestas consecuencias que tendría eso para él política y personalmente, sino porque ahora tiene un contexto político más favorable que en 2016. Tiene un Danilo cuestionado por importantes sectores de unos poderes fácticos conscientes de los costes de una reelección impuesta por la fuerza del dinero, del poder y la perversidad política, saben que eso sería fatal para la gobernabilidad y la seguridad para la inversión nacional e internacional en el país. Además de esa circunstancia, el proyecto reeleccionista tiene de frente la existencia de un amplio espectro social y político altamente radicalizado.
Sin embargo, si Leonel no da vuelta atrás en su marcha forzada y a pesar de eso Danilo impone su reelección el primero salvaría su cara, pero el partido estaría en graves problemas porque su división, formal o no, sería inevitable. Una imposición de la reelección no daría un triunfo automático a Danilo, no importa que sea él quien actualmente “reparte los sobrecitos” y con Leonel, sin el trauma de una reelección impuesta, el PLD se mantendría en el globo, a pesar de tener aquel un gravoso pasivo de sus culpas no redimidas cometidas cuando estuvo al frente del Ejecutivo.
En definitiva, dado lo vapuleada y maleada de esta sociedad, la aventura reeleccionista no está definitivamente descartada, como tampoco un acuerdo Danilo/Leonel, que ante la determinación de este de no vuelta atrás, lógicamente debería ser a su favor porque daría mayores posibilidades al PLD de retener el poder. No obstante, independientemente del desenlace del dilema del PLD, sólo una oposición unificada y sosteniblemente aguerrida podría sacarlo del poder.