La globalización china con la “Franja y la Ruta”

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Insisto en que el mundo ha cambiado, está cambiando profundamente y seguirá cambiando. Gusten o no gusten esos cambios a algunos eso es indetenible. Como es más diverso que hace tres décadas y será aún más heterogéneo en los próximos treinta años, es de esperar que esté avanzando para mejor aunque aparezcan, y siempre aparecerán, actitudes irracionales. Obviamente, esas cada vez tendrán menos espacios para imponer voluntades arbitrarias. Que se aprovechen debidamente las nuevas oportunidades depende de todos y de cada uno en su entorno. China es una realidad contundente y hay quienes le están facilitando demostrarlo de manera igualmente contundente. Al pretender enclaustrarla y arrinconarla le ceden fácilmente nuevos y mayores espacios y le viabilizan quemar etapas.
La reforma y modernización de la economía China se inició en 1978, a la muerte de Mao Zedong, y en la medida que ha ido escalando posiciones, ha apostado en grande pasando a ser la principal exportadora del mundo y la primera economía por volumen. Es hoy la gran financiera del mundo. Se ha adueñado de la bandera de la globalización ante las contradicciones de otros. Recordando su pasado ha retomado la reconstrucción de aquella “Franja y la Ruta”, antiguo camino comercial de la “Seda” que la conectó con los mercados occidentales en su época de esplendor. En 2013 el gobierno chino proclamó la nueva iniciativa y empezó a construir una red de interconexiones económica comerciales – con diversas modalidades terrestres y marítimas – con Asia, África, Europa e, incluso, con América Latina. Los acuerdos de cooperación e inversión abarcan a más de 70 naciones. Mientras que en sus pronósticos internos dicen que para 2020 China será un país “moderadamente próspero”; en 2035 se adentrará en una nueva etapa de “modernización socialista” proyectando para 2050 haberse convertido en una gran nación “moderna y socialista” y en líder global. En verdad se lo han tomado en serio y trabajan con ese objetivo. Para el 2030 China estará importando 24 billones – millones de millones – y prevé invertir en la construcción de su Ruta más de 2 millones de millones con énfasis en infraestructuras físicas, tecnológicas y sociales.
Las autoridades chinas le conceden a nuestra región una atención priorizada. Por razones económicas y geopolíticas les resulta un continente estratégicamente crucial. Para América Latina y el Caribe, a su vez, resulta igualmente una oportunidad excepcional de fortalecer sus potencialidades de desarrollo y de inserción con fuerza en el plan global. Para ello, claro, urge de instrumentar las reformas pertinentes para promover un desarrollo sostenible. El volumen del comercio regional con Cina frisó en 2017 los 200 mil millones de dólares, más de diez veces el monto de 15 años atrás, y siguen contando. Algunos se preocupan ahora por la “dependencia” que esa relación genera pero, a diferencia del pasado, estamos en un mundo con cada vez más actores lo que inevitablemente aúpa menos sumisión. ¿Quién racionalmente puede ponerse de espaldas al mercado chino?