La humanidad asesinada (caso de Andreaa Celea)

La muerte de Andreaa Celea ha traído muchos comentarios. Muchos buscando alguna lección. Algo que nos calme, imagino. Sin embargo, no de todo suceso de sangre tiene que dejarnos lecciones. De hecho, todo suceso de sangre es un hecho que debe sobrecogernos…si somos personas con un mínimo de humanidad. Lo de si hay lecciones que aprender…viene después, si es que algo hay que aprender. No tenemos que obligarnos a “racionalizar” las cosas que son monstruosas y, por tanto, sobrecogedoras.
A Andreaa no podemos despojarla de su biografía. No es una estadística. No necesitamos volverla un caso viral, no necesitamos hacer consideraciones de clase (si porque es blanca, si porque no es pobre, si porque era extranjera), ni necesitamos pensar que buscaba ese final porque tenía algún estilo de vida o un particular comportamiento. Andreaa Celea, era antes que todo una persona. Todo adjetivo que se suma es, como son los adjetivos, accidental. Lo que es fundamental es que era un ser humano.
Ante su muerte lo primero que tenemos es que sobrecogernos, dolernos, indignarnos porque un ser humano que no tenía que morir, que su existencia no dañaba a nadie, que tenía años para vivir y tiempo para rectificar, que le fue cortada de cuajo su oportunidad. Y las razones y circunstancias de su muerte no deben menoscabar ni un ápice el dolor que como humanos vemos ante esa pérdida: Ella que era una joven, hermana de alguien, hija de alguien, amiga de alguien, que reía, lloraba y obviamente, temía y que temía a un monstruo, merecía vivir. Y en ello estamos todos. ¿O acaso ya no podemos sobrecogernos ante la muerte?
Si hay algo en esta historia que quizá debe ser destacado es el hecho de que los monstruos andan por ahí, quiero creer que no abundan, pero existen. El monstruo que le quitó la vida andaba en la ciudad. Frecuentaba los lugares que frecuentan nuestros hijos e hijas, reía como una persona normal, gasta dinero, compra ropa y hasta es vegetariano, como dijo uno que lo conocía. Y que fuera todo eso no le quita que era un monstruo, y no lo suaviza para nada que pareciera normal, ni que creyera que tenía problemas, ni que fuera vegetariano…que es que está de moda creer que hay comportamientos de gente buena, y comportamientos de gente mala. La gente mala es la que golpea, agrede, y mata… aunque sea chistoso, simpático, religioso o vegetariano.
No importa si uno entiende que esto es un caso de violencia machista o, es más. No importa que esto ocurra todos los días, o casi nunca. Ni importa si hechos que ocurren en los barrios, en los parajes, en los municipios no llegan a la fama. ¿Acaso otros casos no dolieron a sus amigos, familiares? ¿Qué de bondadoso tiene que éste haya trascendido de esta manera? Lo que sí importa es que ningún crimen, ningún hecho horrendo puede ser calificado de otra forma, ni debe quedar sin castigo.
En cada hecho de sangre al que acudimos doctos y sin sentimientos, apurados por “aprender” o prestos a cualquier cosa que no sea el desasosiego y el vacío, el dolor y la indignación, ocurre lo único más horrendo que la muerte de una persona…la muerte de nuestra humanidad.