La indignación de la clase media y el PLD

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Para entender la política dominicana del último año, hay que comprender el origen de la indignación de la clase media.
De entrada, vale aclarar que la clase media es un conglomerado social diverso en cualquier país del mundo, y cada vez, hay más personas que se atribuyen el estatus de clase media.
En la República Dominicana se pueden distinguir, a modo general, tres grupos que componen la clase media.
Uno incluye las personas de ingresos medios y altos que dependen fundamentalmente de la economía privada para su bienestar. Se han limitado históricamente a votar.
Un segundo grupo está compuesto por personas de ingresos medios y altos que dependen del Estado en empleos o contratos. Es una clase media partidaria porque su sustento depende de lazos clientelares que aseguran un beneficio del Gobierno de turno. Estos se adhieren a los partidos en el poder con una politización de acomodamiento, excepto cuando el partido benefactor está en la oposición.
El tercer grupo lo constituye la clase media baja, que se vincula al Estado a través de distintas formas clientelares (empleos de bajos salarios, asistencia social), pero que, en general, agota su existencia en obtener su sustento básico mediante una combinación de estrategias de ingresos directos e indirectos.
Después de la crisis económica de 2003-2004, segmentos importantes de las capas medias apoyaron el PLD a cambio de estabilidad económica, y entusiasmadas por la modernidad prometida por Leonel Fernández.
Al comenzar la presidencia de Danilo Medina, esta clase media renovó el apoyo al PLD ante el nuevo estilo de gobernar de Medina, más enfocado en la ejecutoria directa del presidente. Eso explica, en parte, el alto nivel de aprobación que recibió durante su primer período.
Pero, desde el 2012, el énfasis del Gobierno ha sido en la política social que beneficia, sobre todo, a los sectores pobres y a la clase media baja. Eso incluye el 4% del PIB a la educación con la tanda extendida, la expansión de los programas solidaridad y del seguro de salud SeNaSa, y los programas de vivienda pública como la Nueva Barquita, entre otros.
Si tomamos el programa social más grande, el 4% del PIB a la educación, aunque ha beneficiado maestros, proveedores y constructores de escuelas de clase media, los grandes beneficiarios de los servicios educativos son los pobres y la clase media baja. La clase media y media alta no envía sus hijos a escuelas públicas.
Ante el aumento de la delincuencia y las deficiencias de las alcaldías en ofrecer servicios públicos adecuados, la clase media y media alta se siente desprotegida del Estado, y eso genera resentimiento. Ven a los de abajo como los beneficiarios de los servicios sociales, se roban la luz, no pagan el agua, etc., mientras la clase media de mayores ingresos tiene que subsidiar el Estado a través del pago de impuestos.
En este contexto surgió el escándalo de corrupción de Odebrecht, y fue la gota que rebozó el vaso. La clase media salió por primera vez a las calles a protestar en la Marcha Verde porque se siente abusada y no ve beneficios en su absoluta pasividad política.
Identifica ahora el origen de sus males en la corrupción indignante de los políticos gobernantes.
De ser administrador de la estabilidad económica, el PLD ha pasado a ser el símbolo del enriquecimiento ilícito para esa clase media y media alta que, con justa razón, desea mejores servicios públicos (que no llegan), mientras los funcionarios peledeístas se tornan cada vez más ricos y vitalicios.


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