La inseguridad y sus parámetros

Independientemente de lo que se observe a distancia, la sociedad dominicana suele reflejar preocupación por la criminalidad. No se puede negar. Pero no existen motivos suficientes para sostener que la inseguridad reviste mayor gravedad que en otros países similares y hasta en algunos de alto desarrollo; y República Dominicana no está, definitivamente, entre los de mayores riesgos. El temor a la delincuencia no suele impedir que la mayoría de ciudadanos discurra con regular normalidad; basta en ocasiones con dejarse guiar por el sentido común evitando lugares y horas que parezcan de mayor peligro y la exhibición de valores. La presencia de público en centros de diversión y deportivos ha sido significativa en todas estas semanas, En el caso particular de visitantes extranjeros, muchos de ellos bajo el sistema turístico del “todo incluido” y alojamientos exclusivos, la inseguridad no podría rondarles más que a los residentes.

Con todo, procede exhortar sobre la conveniencia de precaver antes que tener que remediar. Advertencia válida casi para el mundo entero. Y más todavía: la precaución es un disuasivo al restar espacio a la delincuencia. Es de rigor, ciertamente, que el Estado enfrente sin tregua a la criminalidad con presencia en las calles de agentes policiales bien pagados y entrenados. Descubriendo a tiempo a las “naranjas podridas”. Así podría decirse con más certeza que este es un país de mucha seguridad.

Un pacto en la encrucijada

La posposición de la tan esperada firma del Pacto Eléctrico, dispuesta inesperadamente, mueve a suponer el hallazgo a última hora de dudas razonables a partir de vaguedades de sus mandatos, con riesgo para su permanencia por ausencia de consenso. Sería necesario evitar que en algunos aspectos lo convenido pueda estar sujeto a interpretaciones. Cierto es que el borrador cuenta con la anuencia de importantes agentes del sector, pero los reparos, dentro y fuera del proceso negociador, son un buen motivo para concentrarse en revisiones adicionales. Se ha esperado mucho para sumar criterios y voluntades que tracen pautas duraderas a la generación, transmisión y mercadeo de la electricidad. Con algo de sentido práctico habría que buscar ahora las debilidades que causarían fisuras con tendencia a lo fallido en el reclamado pacto eléctrico.