La liberación e independencia del gran Líbano

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Fruto amargo del convenio Sykes –Picot, de 1916, suscrito por los representantes del Reino Unido de Inglaterra y de Francia que ambicionaban apoderarse y tener bajo su control el mar mediterráneo y las tierras del Medio Oriente ocupadas por el otrora poderoso Imperio Otomano que extendía su dominio hasta territorios tan lejanos como África y Asia, una vez terminada la Primera Guerra Mundial (1914-1916) con el triunfo de Gran Bretaña y Francia y sus aliados: Grecia, Italia, Japón, Rusia, y del Occidente, incluyendo los EUA, el Imperio Turco, ya diezmado, rechazado por Francia e Inglaterra se vio constreñido a unirse a Alemania y siendo vencida, producto del Armisticio del 11 de noviembre del 1918, acepta el reparto colonial de sus anteriores posesiones acordándose la división del Medio Oriente en dos franjas simétricas: Franja A (Zona Azul) que comprendía Siria y el Líbano y Baaka puestos bajo el protectorado francés y la franja B (Zona Azul) que incluía Palestina, Jordania e Irak, bajo el mandato de Gran Bretaña.
Según ese acuerdo, muy lejano de la realidad, el fin perseguido por Francia y la Gran Bretaña “es la liberación, completa y definitiva de los pueblos tanto tiempo oprimidos por los turcos (lo que no dejaba de ser cierto) y el establecimiento de gobiernos de administraciones nacionales tomando toda la autoridad en las iniciativas y la libre elección de las poblaciones indígenas.”(?)
No obstante, el Armisticio local del 30 de octubre de 1915, estipulaba una reserva que limitaba o restringía esa libertad, confiándole al Alto Comisionado “el derecho de ocupar cualquier punto estratégico en la eventualidad de cualquier situación que amenazara la seguridad de los Aliados.”
Las viejas diferencias de civilización, cultura, intereses económicos y particularmente de orden religioso existente entre Siria y el Líbano, devino en una violenta confrontación de parte la gran mayoría cristiana, católica maronita, del Líbano al acceder Francia a la presión del Rey Faisal y poner al Líbano bajo la dependencia de Damasco. “Si se trata de hacernos progresar solo se puede partir de la autonomía para llegar a la independencia total”, demandaban los nacionalistas.
Esa independencia finalmente asoma. El 23 de mayo de 1926 Henry de Jouvenal, Comisario Francés, promulga en el Líbano la Constitución: Los libaneses han aceptado la República en lugar de la Monarquía, con su propio gobierno. Pero Francia se obstina en su ingerencismo intervencionista, lo que arrecia la crisis de gobernabilidad. Finalmente, en elecciones libres Bechara El Khoury es elegido Presidente. El derecho a la revisión constitucional se plantea en primer plano tratando de lograr su fortalecimiento, pero es derrocado y su gobierno depuesto. Desde la prisión protesta y exacerba los ánimos de los nacionalistas libaneses cada vez más decididos a luchar por su independencia y su libertad hasta obtenerla.
El 22 de noviembre de 1943 se anuncia oficialmente la armonía del Mandato Francés con el Régimen de Independencia. No sin dificultades, como tierra de promisión, de carácter progresista, descendiente de los fenicios, cultor de la paz entre los pueblos, el comercio, el valor de la familia y del trabajo como único bien de riqueza, el Líbano se labra su propio destino.


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