LA “LLUVIA CONSTANTE” INUNDA LA SALA RAVELO

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Durante varios días del fin de semana, el cielo gris cubrió nuestra ciudad y la lluvia, “tornadiza como una polvareda”, cayó intermitente; pero el sábado se hizo más intensa, lo que no nos detuvo. Tomamos nuestro paraguas y nos dirigimos a la sala Ravelo del Teatro Nacional.

Al penetrar allí, la lluvia constante lo había inundado todo, sí, pero de arte teatral.
La obra de teatro del dramaturgo y guionista estadounidense Keith Huff, “Lluvia constante”, protagonizada por los actores Mario Núñez y Santiago Alonzo, es una historia intensa que narra, a modo de “thriller”, los acontecimientos en que se ven envueltos dos jóvenes policías -Dani y Cheo- que afectarán sus vidas para siempre.

Los amigos de infancia comparten sus vivencias, la familia los une, pero su visión del deber los separa. Finalmente, el destino los llevarán por caminos completamente diferentes.
La obra es más que un drama de policías, donde todos los valores están a prueba: la amistad, la lealtad, la familia, el honor, la moralidad…, y la lluvia constante es una metáfora, que marca el accionar y el devenir de los personajes, pero es al mismo tiempo un elemento catártico.
Dani y Cheo no son simplemente el malo y el bueno o el blando y el duro, son personajes psicológicamente más complejos.
Dani es un ser obsesivo, egoísta, violento, pretende hacer el bien y entra en un juego patético al margen de lo legal, convencido de que solo con sus mismas armas se puede combatir el mal. Así se va convirtiendo en un ser implacable, lo que lo lleva a su propia destrucción; pero al mismo tiempo es el amigo, buen padre y esposo, que -aunque se toma muchas licencias- no escapa al mundo arrabalero en que se mueve. Dani es un personaje de múltiples matices, y Mario Núñez, en una actuación orgánica, consigue apropiarse del personaje y sus circunstancias.
Cheo es el policía conservador, un ser introvertido, solitario y melancólico, con problemas de alcoholismo, obsesionado en la búsqueda de una familia para dar sentido a su existencia; la familia de Dani, su mujer… es su anhelo, al parecer lejano, pero las circunstancias lo irán acercando. Santiago Alonzo interpreta a Cheo con una actuación verosímil, en tono menor, que busca el contraste con la actuación vigorosa de su oponente, y este es su mayor logro, ambos personajes se compensan en sus contradicciones y opiniones.
La fuerza dramática del texto de Keith Huff consigue mantener la atención, es una lluvia constante de situaciones, que no amaina, y mantiene la expectativa. Los protagonistas, en un rompimiento de la cuarta pared, se dirigen al público y a través de monólogos y diálogos, exponen sus historias, sus verdades; a través de sus capacidades interpretativas, y el gesto elocuente, los actores nos transmiten sus estados emocionales, y el silencio psicológico por momentos, es un recurso efectista. Finalmente quedan interrogantes, ¿tomaremos partido por uno u otro, o no?
La puesta en escena, compleja, atractiva, logra momentos impactantes; el recurso del teatro en el teatro implica una reflexión y una manipulación de la ilusión.
La adaptación de Mario Núñez y José Emili Bencosme de este texto contemporáneo posibilita la crítica a nuestras instituciones, y el lenguaje callejero -con su hilo de humor negro- está salpicado de “palabrotas” dichas precipitadamente, lo que al parecer se ha ido convirtiendo en una forma de hablar de nuestros teatristas.

La joven directora Ruth Emeterio imprime un ritmo sostenido a la acción, la violencia de las peleas y los movimientos rítmicos al son de bachata -que ejecuta Dani, acompañado a lo lejos por una joven “vendedora de caricias”- son pequeños segmentos coreográficos, que distienden.
Finalmente el abrazo de despedida, con su carga emocional impacta; el potencial dramático de los actores conmueve provocando un torrente de aplausos.
No permita que la lluvia constante le impida ir a la sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito, a presenciar esta excelente obra que sigue en cartelera este y otros fines de semana.