“La loca del café sublime”

“La loca del café sublime”. No fue así, llegamos justo en el momento de apurar el primer sorbo de la aromática bebida

La lluvia caía a raudales, el tránsito se hizo insoportable, entonces los nervios se apoderaron de nosotros. Angustiados, pensamos que llegaríamos tarde a la cita que teníamos con “La loca del café sublime”. No fue así, llegamos justo en el momento de apurar el primer sorbo de la aromática bebida. Tony Raful con su proverbial gentileza, nos da la bienvenida, y junto a él penetramos al auditorio Juan Bosch de la Biblioteca Nacional, donde tendría lugar la puesta en circulación de su nuevo poemario “La loca del café sublime” Versos y aforismos de un poeta de dos siglos, y es que, Tony Raful es, sobre todo, poeta esencial, de añoranzas y quimeras. La loca del Café, es una metáfora alucinante, es locura, evocación de aquel tiempo de utopías, de ideales esfumados, junto al Café Sublime.

“Dime, ¿cuándo borraron el Café Sublime de la calle El Conde?

¿Cuándo se fue el aroma? Neblina que asoma/

¿Cuándo la luz fue hundida?/

¿Cuándo se nos fue la loca/ como una avispa escindida/

Con la primavera en la boca?/

Dime ¿Cuándo dejamos de beber café en el Café Sublime”.

Con las palabras del escritor Andrés L. Mateo, quien tuvo a su cargo la presentación del libro, inicia el acto. La profunda reflexión que hace sobre Raful y su obra, es expuesta en pulida y poética prosa, y es que para hablar del poeta hay que hablar en poesía, si acaso vale la expresión.

“La poesía es un alto manantial de imágenes/

Un atajo de llamas para alcanzar el fuego/

Una soflama del alba para tejer metáforas/

Un mar azul a golpe de olas y misterio/

Filigrana sutil del verbo/ esencia glamorosa/

Donde balancea el alma/ sus fantasmas de sonidos y amor.” La brillante exposición de Mateo nos introduce en ese cosmos a veces insondable del aedo, y entonces conocemos el alma del poeta, los infinitos hontanares de donde fluyen incontenibles sus imágenes de ensueño y ternura.

Hay noches que me duermo pensando en despertar

Al otro día/ con siete años/ la luz por las rendijas de

La ventana/ el canto de los pájaros/ el mosquitero

Amarillento/ una postalita de beisbol de Grandes

Ligas/ entre las manos pequeñas/ y mi madre

Acariciando mi cabeza/ diciéndome que ya es hora

De alistarse para ir al colegio/ para empezar/ con su Inmensa ternura la mañana.

Luego interviene Mateo Morrison y desde otra óptica nos habla de la exquisita lírica de Raful. Terminado el acto de presentación da inicio un espectáculo artístico muy original, producido por el director y dramaturgo, Giovanny Cruz.

Junto a Tony Raful, tres cantautores, Víctor Víctor, Pavel Nuñez y Carlos Luis, acompañados de sus guitarras aparecen en la escena. Nada resulta más emotivo que escuchar los poemas dichos por su propio autor, es como si cada verso, cada alegoría, se impregnara de una nueva esencia, y cuando en entrañable duelo, los versos se convierten en melodía en las voces de los bardos cantores, en ese instante se produce la magia, aparece el duende, porque como decía Lorca:“Todas las artes son capaces de duende, pero donde encuentran más campo es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que estas necesitan un cuerpo vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto”. Pero el duende no se detiene, traspasa el proscenio, revolotea y se posa en cada concurrente que embelesado, disfruta ese momento de poseso, efímero como el sonido de los versos, que al igual que el duende y la mágica noche, son irrepetibles, como no se repiten las formas del mar en la borrasca.


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