La Marcha: escurridizo objeto del deseo

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En general, los movimientos parecidos al que aquí denominamos Marcha Verde surgen en torno a una o dos consignas puntuales de amplio poder movilizadora, las cuales se le van agregando otras introducidas por los nuevos actores que van incorporándose al mismo, portadores de sus respectivas referencias políticas y culturales que hacen más complejo y diverso el movimiento. Eso es comprensible, natural e inevitable, pero es igualmente incomprensible y pernicioso que muchos no aquilaten esa diversidad, que en definitiva es la realidad del movimiento, y que quieran hacer del mismo una idealizada plataforma de sus particulares proyectos; un deseo tan escurridizo como inconducente.
La Marcha Verde se inició con una consigna: fin de la corrupción y del sistema de impunidad que la prohija y potencia, una consigna dirigida contra el actual gobierno, por lo tanto, decididamente política. En tal sentido, cualquier deseo de que el Movimiento o Marcha Verde sea apolítico es sólo eso, deseo; como lo es tratar de mantenerla en el estrecho marco de esa consigna y en una ilusoria burbuja de apoliticidad algo que, en esencia, es una posición política de parte de quienes así lo plantean. Pero, la esencia política del Movimiento no debe conducir a la idea de forzarlo a que se exprese como una organización política, porque no lo es y porque difícilmente llegue a serlo, por lo menos en la forma que algunos especulan que es, sea o evolucione.
No obstante, el sentimiento de repulsa a la corrupción y la impunidad sí se puede y debe aprovecharse para formar un torrente de fuerzas políticas que pueda cambiar la lógica en que se reproduce el actual grupo en el poder. Ese torrente sólo podrá constituirse poniendo sobre el tapete una serie de objetivos y propuestas que son vitales para crear esa nueva lógica, algunas de ellas han sido avanzadas por colectivos y singulares individuos de alguna manera vinculados a la Marcha Verde. Intentar hacer de la diversidad de actores y colectividades que configuran ese movimiento que se expresan en las calles un colectivo para catapultar a una tendencia política o a una figura mesiánica con pretensiones de constituirse en poder es una ilusión.
También constituye un desliz poner la Marcha Verde en capilla ardiente por la relativa limitación de la frecuencia de las marchas, creo que el sentimiento que les dio origen y significado no sólo está ahí, sino que están dada las condiciones para que se mantenga. El movimiento es más que la gente va a las marchas y que la frecuencia con que estas se realizan; sobrepasa a que quienes las motorizan, es un estado de ánimo cuya fuente impulsora es la conciencia y condena a un poder clientelar, corrupto y corruptor, el cual debe ser echado de todas las instancias del poder: Ejecutivo, municipal, la judicatura etc. Con sus naturales problemas en términos de la fluidez en su discurrir organizativo, ese sentimiento se ha mantenido por 10 meses, pero la puja de algunos para canalizarlo como agua para su molino constituye su principal amenaza.
Enfrentarla, constituye una ineludible tarea de los actores que en última instancia constituyen el nervio central del Movimiento Verde.