La mataron en vida

27_08_2018 HOY_LUNES_270818_ Opinión10 A

Decidió ir. No quiso esperar otro día. Demasiado brío y entusiasmo. Imposible esperar y menos detener el goce por una reconvención innecesaria. A los 14 años el tiempo es otro, la perspectiva distinta, el mundo es propio, como el entorno. A los 14 años el mar, las estrellas, el bosque, los animales, las calles, los rincones, las sensaciones, todo está por estrenar. Es la vida envuelta en papel de regalo con apenas una hendija y a través de ella descubrir, cada minuto, algo maravilloso, estupendo, sin importar carencia o abundancia, comodidad o estrechez. El techo de zinc también protege sino hay otra cosa, el agua del río no precisa tuberías y las hojas secas proveen el mejor colchón cuando para soñar no hace falta dormir. A los 14 años se vive un presente de exuberancia, reto de auroras, clarines, de mariposas y palomas. No hay pasado y el futuro es el momento. La advertencia adulta es necedad porque nunca hay peligro ni amenazas, la candidez es poderosa, invulnerable. Fausta Antonia Sena García- Cielo- pudo no ir, pero fue. Yajaira, su madre, advirtió el riesgo. La muchacha no escuchó ni tenía motivos para oírla. El río La Peñita-Pedro Brand-y los amigos, esperaban, pretextos más que suficientes para no obtemperar el aviso. La madre recordó las amenazas de Jefry, un joven haitiano que después de haber sido rechazado por otra de sus hijas, decidió seducir a la menor. Intentó conquistarla, le entregó 20 dólares, tampoco fue aceptado. Yajaira, conversó con él e incluso prometió devolverle los 20 dólares. Firme, despechado, Jefry comenzó a propalar su plan de exterminio: si no me quiere, la mato. El día de la tragedia, Cielo aprovechó la siesta de su madre y salió rumbo al río, contenta. Ignoraba quién y qué le acechaba. No pudo disfrutar el baño, el primer machetazo la sorprendió camino a la orilla. Usó sus brazos como escudo y por eso las 20 macheteadas mutilaron uno y dejaron otro al tris de desprenderse. Una de sus piernas también fue alcanzada por la furia de la sinrazón. Del degollamiento la salvó una cadenita que enganchó la hoja del arma descuartizadora y no pudo el filo cercenarle el cuello. Jefry huyó satisfecho y convencido del éxito de su acción. La víctima gritó hasta quedar exánime. La asistencia médica no logró salvarle los brazos, uno estaba desprendido, el otro tuvo que ser amputado. El infierno de Cielo comenzó el miércoles 17 de mayo del año pasado. Las palabras sucumben para relatar casos como este. Disminuye el poder de verbos y adjetivos, de oraciones y frases, de metáforas. Se convierten en saltimbanquis las palabras, huyen, se esconden. Por doquier se busca el término para comunicar el desconsuelo, la impotencia y no aparece. Yajaira describió como nadie el espanto, la derrota, las consecuencias del furor endemoniado del machete: “la mataron en vida”. Paradoja, oxímoron que explica la desolación, el dolor. Pedir que no se repita sería ofensivo, casi burlesco. Retahíla demagógica, coyuntural. Basta revisar los anales judiciales nuestros, la crónica roja para comprobar el legendario horror cotidiano que nos circunda, ese que no provoca indignación ni organiza cruzada. Pendiente afrentoso de violencia que pretende exculpación cuando suma sus voces a otros reclamos y ocurre el menjurje oprobioso de culpables e inocentes, asesinos, pederastas, estupradores, incestuosos. Demandar penas condignas, expone la historia de la sanción desde Hammurabi hasta la clemencia y el populismo penal contemporáneo. No existe posibilidad de compensación ni resarcimiento y la reeducación, luego de dos brazos mutilados, impide un abrazo. Miguel Vargas Caba, dominicano residente en EUA, erudito, políglota, conmovido con la historia, buscó por doquier auxilio especializado para Cielo. Encontró la organización “Global Medical Relief Childrens” y las prótesis requeridas para Cielo, son una realidad. Ahora, la víctima debe aprender a valerse, aprender a manejar los brazos artificiales. Necesita subvenir sus necesidades cotidianas mientras el entrenamiento perdure. Necesita dinero. Contribuir con la recuperación de Cielo es la mejor opción. Quizás la única.