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La maternidad de Los Mina

La Maternidad San Lorenzo de Los Mina, cuya remodelación costó casi RD$400 millones y fue inaugurada a mediados de agosto por el Presidente de la República, ya presenta fallas muy notorias. La Asociación Nacional de Enfermería (Asonaen) afirma que hay fugas de aguas negras, los baños carecen de muros de contención y el único baño para hombres y mujeres del área de consultas se desborda, la cocina no funciona bien, hay deficiencias en el suministro de agua y electricidad, fugas en el área de lavado, el plafón se está cayendo por partes, no hay mobiliario en el área de Pediatría y cosas por el estilo, que se van agravando con los días. Y para completar el cuadro, el personal de enfermería es insuficiente, lo que sobrecarga a las que están en servicio. Hay un paro de cuatro horas convocado para el martes por las enfermeras.
Se recuerda que la remodelación de esta maternidad fue terminada de manera acelerada y que los trabajos se realizaron sin interrumpir las atenciones que entre polvo y escombros los médicos brindaban a cientos de pacientes que acuden a diario a ese centro. Ese hospital forma parte del conjunto que el Gobierno sometió a reparación simultánea y de los cuales quedan algunos por terminar. Que a tan corto tiempo de su inauguración presente estos vicios habla muy mal de la calidad de la obra y mucho peor de la supervisión. Esta obra es digna de una auditoría a fondo.

Parsimonia que nos hace daño

El Congreso y el Tribunal Constitucional de Chile zanjaron sin dilación el espinoso tema del aborto, refrendando su legalidad en las tres causales invocadas en el proyecto original, que ha sido una iniciativa muy elogiada de la presidenta Michelle Bachelet. Aquí, en cambio, llevamos años y años sin leyes de partidos y de régimen electoral, y vacilando irresponsablemente, rehuyendo el paso racional y responsable de despenalizar el aborto terapéutico en las circunstancias anotadas por el Poder Ejecutivo al observar el nuevo Código Penal.
La comparación demuestra que la voluntad de nuestros partidos políticos solo se moviliza con presteza cuando están de por medio sus apetitos clientelares, ya sea para consolidar espacios conquistados o lograr continuidad en el ejercicio del poder. En malas manos está la institucionalidad del país.