La misión de la UASD en el desarrollo social

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La Pontificia y Real Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de América, tiene como misión “formar críticamente profesionales, investigadores y técnicos en las ciencias, las humanidades y las artes necesarias y eficientes para coadyuvar a las transformaciones que demanda el desarrollo nacional sostenible, así como difundir los ideales de la cultura de paz, progreso, justicia social, equidad de género y respeto a los derechos humanos, a fin de contribuir a la formación de una conciencia colectiva basada en valores”. El contenido de la misión de la UASD es muy parecido a la de cualquier otra universidad pública de la América española y el Caribe. De acuerdo con este mismo enunciado, es necesario una reforma total de la Universidad estatal en la que se contemple toda problemática social, económica, política y cultural, referida siempre al área científica tecnológica como factor contribuyente del avance nacional. Dicha reforma debe de surgir de un diagnóstico de la realidad en su conjunto y no del aislamiento de las estructuras educativas.
Las diferencias económicas y las desigualdades sociales entre las naciones, así como actitudes bélicas pertinaces, figuran entre los problemas más importantes del mundo contemporáneo. Al lado de unos cuantos países que han alcanzado altos niveles de progreso, existen otros sumergidos en el subdesarrollo. Factores como la incapacidad de los gobiernos para modernizar sus estructuras económicas; la nulificación de la productividad económica; y la ignorancia de la mayoría de los habitantes de esos países son los que comúnmente se invocan como responsables de esta situación a escala mundial. Esa concepción, un tanto simplista de la determinación histórica del subdesarrollo, ha llevado a muchos gobiernos a la búsqueda de soluciones unidimensionales tales como un control estricto de la natalidad y el establecimiento de mecanismos eficaces para la transferencia de modelos tecnológicos producidos en países de economías avanzadas. ¿Resultados? Las implantaciones indiscriminadas de tecnologías extranjeras con los males que esto conlleva; y la polarización interna de los estratos sociales.
Por lo expuesto en el párrafo anterior se infiere que la asimilación de modelos tecnológicos y económicos de los grandes países industrializados de parte de las naciones en vía de desarrollo (por no decir otra cosa), puede crear obstáculos para el desarrollo económico e integración social de nuestros países. Al respecto, algunos destacados economistas de aquí y de otros países del área están muy en lo cierto cuando afirman que “que las altas tasas de desarrollo podrían engendrar más tasas de subdesarrollo”.
En el transcurso de los últimos cincuenta años, la República Dominicana, al igual que lo ocurrido en la mayoría de los países de la América española y el Caribe, ha experimentado un espectacular crecimiento en el número de sus habitantes matriculados en universidades y en otras instituciones de educación superior, pasando de menos de 3 mil estudiantes en 1960, a más de 30 mil en 1980, y de esta cifra, a más de 480 mil en el año 2015. La población matriculada al 2015 (480 mil 103 estudiantes) representa una tasa bruta de matrícula de un 34.40% del rango población de personas de edades comprendidas entre 18 y 24 años y de este rango poblacional (1 millón, 283 mil,669) una tasa neta del 12,86%. La composición de la matrícula de las instituciones de educación superior del país, en términos de género, es de 64:4% para el sexo femenino y de 35.60% para el masculino, lo que significa que por cada estudiante del sexo masculino hay aproximadamente dos del sexo femenino.
En la actualidad, la población estudiantil de la Pontificia y Real Universidad Autónoma de Santo Domingo sobrepasa los 200 mil estudiantes, ocupando el cuarto lugar entre las universidades públicas más pobladas del continente americano. En la próxima entrega nos referiremos a los factores que más contribuyeron a que ese fenómeno hubiese podido tener lugar.