“La noche de Mantequilla”, un notable cuento de Julio Cortázar sobre boxeo

El gran escritor Julio Cortázar (1914-1984), ocupa uno de los lugares cimeros entre los autores universales que incursionaron con mayor éxito en el horizonte de la literatura deportiva. El narrador argentino, una de las figuras emblemáticas del “boom” latinoamericano, escribió joyas sobre estelares combates de boxeo, deporte de su predilección que siguió con desbordante pasión durante su fértil y singular existencia.
En el cuento “La noche de Mantequilla” el autor relata con su originalísimo estilo, el memorable combate por el título mundial mediano entre su connacional Carlos Monzón y el cubano-mexicano José (Mantequilla) Nápoles, escenificado en París, Francia, en el 1974. El choque puso sobre el entarimado a dos leyendas. Nápoles era el sólido e indiscutido campeón de la categoría welter (147 libras) que trataba de destronar al pétreo y feroz monarca de las 160 libras.
El carismático actor Alain Delon, quien se animó en montar el combate en un terreno baldío y poco confortable, quizás pensando que Mantequilla podría indirectamente darle su merecido al argentino, por la doble paliza que le dio a su compatriota Jean Claude Bouttier. Pero las cosas no resultaron así. Monzón apabulló a Nápoles en seis asaltos para retener su cinturón. Al encuentro concurrió una numerosa fanaticada de mexicanos y argentinos, quienes sonaron más que los dueños de la casa.
Aunque el texto hace referencia a un hecho real, como toda obra de ficción, el lector también queda atrapado de la disolución de la realidad con la creación de personajes que cobran “vida propia” en un ámbito delirante y muy singular. Se resalta el proceder de algunos visitantes oportunistas que aprovecharon el escenario, mientras la mayoría estaba muy concentrada en el desarrollo del desafío de los dos titanes del cuadrilátero.
Tal fue el proceder de tres personajes -Peralta, Estévez y Walter- quienes en realidad no llegaron allí por su gran fanatismo, que para ellos era lo de menos. El primer paso de su plan estratégico era conseguir una buena ubicación en los asientos para poner el paquete en pos de la cartera.
Cortázar inicia su cuento de la manera siguiente: “Eran esas ideas que se le ocurrían a Peralta, él no daba mayores explicaciones a nadie pero esa vez se abrió un poco más y dijo que era como el cuento de la carta robada, Estévez no entendió al principio y se quedó mirándolo a la espera de más; Peralta se encogió de hombros como quien renuncia a algo y le alcanzó la entrada para la pelea, Estévez vio bien grande un número 3 en rojo sobre fondo amarillo, y abajo 235; pero ya antes, cómo no verlo con esas letras que saltaban a los ojos, MONZON Vs. NAPOLES. La otra entrada se la harían llegar a Walter.” Después de seis asaltos, se veía un Monzón con gran dominio sobre su presa que lucía sin vigor y casi indefenso ante la terrible andanada de golpes de todo calibre sobre su anatomía.
“Todo el mundo-narra Cortázar- parado a la espera de la campana del séptimo rond, un brusco silencio incrédulo y después el alarido unánime al ver la toalla en la lona, Nápoles siempre en su rincón y Monzón avanzando con los guantes en alto, más campeón que nunca, saludando antes de perderse en el torbellino de los brazos y flashes”.


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