La ópera bufa de los políticos

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Los dominicanos actualmente somos espectadores silentes y cautivos de la gran comedia operática que están protagonizando los políticos en su tira y jala con la tan cacareada ley de partidos. No hay dudas que el motivo de ese intenso batallar mediático de esa desesperación de los políticos, que ha hecho olvidar las desgracias naturales que nos han afectado, y hasta la menguante beligerancia de la Marcha Verde, reviste para ellos más importancia para los bolsillos y aumento de sus fortunas a expensas de los recursos públicos que administra el gobierno.
Pese a las tragedias naturales y la degradación del país en todos los niveles y en los informes de investigación social y económica, los políticos los ignoran y descartan esa realidad. Prefieren sumergirse cada vez con más fe en lo que ahora es su objetivo de incordiar al país. Todo por la famosa ley de partidos que todos se confiesan públicamente como abanderados de la misma, pero la arrinconan hábilmente para que no se conozca. Y mucho menos que se apruebe.
Y la ciudadanía está de pláceme disfrutando el ver cómo se enfrentan las dos posiciones de acuerdo a lo que favorecen unos comicios partidarios cerrados o unos abiertos. Y esa lucha ha tenido un gran escenario por las rivalidades en el partido de gobierno. Sus dos principales líderes, en un abierto antagonismo por el sistema a implementar, han dejado que sus más conspicuos voceros, con bocinas añadidas, fijen sus criterios de cuál conviene más al país. Ellos dos permanecen mudos. Todo obedece a una estrategia de buscar de fuñir al rival.
Además, en la forma como se quiere plantear la realización de esas consultas internas de los partidos para seleccionar candidatos, señala un propósito de los políticos. Y es que el costo final de ese certamen extra electoral sea financiados por la Junta Central Electoral, sin que vaya en desmedro de los recursos que ya se le tienen asignados a los partidos para su gracioso sostenimiento de la estabilidad democrática de la nación. Ya los políticos han dado señales de sus pretensiones e impedirán que se reduzcan sus asignaciones a nombre de un proceso súper caro. Este será un arroz con mango y la JCE saldría maltrecha y mendigando al gobierno asignaciones suplementarias para complacer a los políticos envueltos en un ríspido enfrentamiento político. Además sería una locura, como sentenció un conocido abogado que es una cotidiana fuente informativa preferida de los medios.
Y la fórmula que trata de imponer es tan solo para satisfacer el ego de los que ahora son los principales dirigentes nacionales. Los dos del PLD están sumergidos en las entrañas del monstruo en que ellos han convertido a su partido. No se contentan con el tipo de elecciones internas que se lleven a cabo para señalar candidatos, sino que obedecen a sus posicionamientos culturales y sociales en un medio que ambos, superando sus orígenes, se han constituido en las cabezas del liderazgo dominicano. El destino del país depende del humor de ellos en caso que acepten sumisamente el sistema escogido por los famosos expertos que el partido oficial busca para que ellos sean los que señalen del cual sistema es el mejor.
Indudablemente los políticos no quieren controles ni organizar sus ventorrillos políticos que son manejados como un negocio privado, sin rendirle cuentas a nadie. Con la ley de partidos supuestamente se verían obligados a organizarse o desaparecer, sin que puedan blandir los peligros a la estabilidad si se ven sin los recursos oficiales. Estos los viven exigiendo y hasta partidos que una vez fueron mayoritarios están ahora al borde del colapso. Se agarran de los argumentos más baladíes para conservar su condición de ser dirigentes de los que una vez fueron entes mayoritarios en el acontecer político nacional.
Por esas cosas, y otras más, es que no desean que le encajen la camisa de fuerza de un orden administrativo que nunca han procurado. Ellos entorpecen las acciones que alguna vez se han tratado de aplicar para civilizarlos y convertirlos en entes institucionalizados. Necesitan una gran dosis de oxígeno que los haga entender la obligación cívica y moral que han pretendido contraer con sus conciudadanos para ser sus dirigentes. Sus afanes es querer mantenerse vigentes estando presentes en todos los medios de opinión para opinar como si fueran los guruses de una actividad en que solo buscan el enriquecimiento. Son como si fueran sanguijuelas siempre a costa de chupar el dinero del presupuesto nacional. Y tienen sus prebendas que reciben de sectores privados que se dejan envolver en sus mensajes de redención nacional. Pero ahora varios dirigentes con sus ventorrillos se extinguirán y reemplazados por una nueva hornada de dirigentes, quizás con mas sentido de la responsabilidad política.


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