La Organización Mundial del Comercio

El hecho de que Donald Trump quiera impulsar nuevos tratados comerciales conceptualmente no lleva al proteccionismo. De hecho, en algo tiene razón, los acuerdos comerciales, que en su momento fueron un enorme avance hacia el derrumbamiento total de las barreras comerciales, se quedaron como un neoproteccionismo, limitado apenas por el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio.
Lo que realmente preocupa es que además de sumar países a su ataque tarifario al acero y el aluminio su retórica (y sabemos que suele ir con acciones concretas) ante los organismos multilaterales no es reformista si no destructor. Donald Trump no cree en el multilateralismo. Su visión de hacer una “América Grande de nuevo” es tan literal que retrotrae los EEUU a los años 50, y con el arrastra al mundo.
La parte positiva de todo esto es que obliga a salir del letargo a todos. La Unión Europea, por ejemplo, tenía años entrampada en burocracias inútiles que hicieron que crisis como las de Grecia, Italia, Portugal Y España se contagiaran y prolongaran en su duración, que hoy tienen como consecuencia la amenaza de un quiebre, no sólo desde Inglaterra (Brexit) si no también desde otros países dónde la derecha euroescéptica avanza (V.g: Italia) alimentada por la xenofobia y a pesar de que registra crecimiento en todos sus miembros, las consecuencias sociales todavía son percibidas por sus poblaciones.
Lo negativo es que una cosa es salir del letargo cómodo y arrogante y otra muy diferente es que las instituciones nacionales, transnacionales y multilaterales retrocedan a esquemas no vistos desde la Guerra Fría. En este artículo externo la preocupación de que la Organización Mundial del Comercio, llamada a mediar entre las disputas comerciales de los países, pueda estar más debilitada que nunca en su capacidad para ser efectiva.
La revista The Economist profundizó en su edición de la última semana de julio sobre este tema. Aunque externa su preocupación sobre el futuro de la OMC (WTO, por sus siglas en inglés) muestra una posición optimista al señalar que la visión de Robert Ligththizer (representante de comercio del gobierno de Trump) no es la de un mundo sin OMC y que se inclina en empujar una reforma de esa institución. Tanto la Unión Europea, por otra parte, como Japón, entienden que China no juega al libre comercio si no que tiene una visión mercantilista, lo cual hace que en el fondo los fines de llevar a China a mejores negociaciones es una meta compartida mundialmente.
Sin embargo, la estrategia de confrontación del presidente Trump acerca cada vez más a una guerra comercial abierta, en un entorno en el que la OMC no luce lista para mediar a gran escala. Además de que la prestigiosa publicación admite que quizá Mr. Ligththizer no pueda contener a su presidente de salirse de la OMC. Hay dos escenarios abiertos, uno en el que haya un plan de reforma a la OMC, que quizá la sacuda de su largo letargo… y otro en el que todos viajaremos en el tiempo hacia un escenario desorganizado de Guerra Fría, donde EEUU sueña con ser grande de nuevo, sin lograrlo.