La poblada de Salcedo y la violencia oficial

Ninguna poblada se levanta sin una causa moral que la justifique. Ninguna  por generación espontánea. Toda manifestación de protesta popular tiene su origen, encuentra su razón de ser, en la insatisfacción y la indignación colectiva. En un hecho o una sucesión de hechos no atendidos que afectan  la comunidad siendo previamente advertidos.  Ningún líder o  […]

Ninguna poblada se levanta sin una causa moral que la justifique. Ninguna  por generación espontánea. Toda manifestación de protesta popular tiene su origen, encuentra su razón de ser, en la insatisfacción y la indignación colectiva. En un hecho o una sucesión de hechos no atendidos que afectan  la comunidad siendo previamente advertidos. 

Ningún líder o  partido político  es capaz de generar una poblada, si no están dadas las condiciones que  la legitimen, las injusticias que la provocan. Por tanto es una ligereza y un exceso, atribuirle   a un partido opositor, a una  facción o a un líder político,  su génesis para responsabilizarle de la tragedia. Es voltear la cara y no  mirar hacia atrás. Bien hace  el líder,  el partido y toda la oposición en sacar provecho a la situación creada. Brindarle su apoyo a la protesta, al levantamiento, si es preciso.

Al derecho que tiene todo pueblo de protestar organizada y pacíficamente, como también a lanzarse a las calles, armar barricadas, defenderse con piedras y  palos y con todo lo que pueda cuando su reclamo tiene por repuesta la violencia criminal, indiscriminada, brutal, salvaje. Ese sí es el hecho no justificable. Ese sí es el hecho censurable. Ese es el hecho que debe siempre ser condenado, vituperado y no mitigado con ambigüedades y palabras huecas.

Eso, lo dantesco, fue lo que con estupor presenciamos,   el desfile de imágenes brutales, tomadas in situ, trasmitida y comentadas con justa indignación por medios responsables. Un pueblo infeliz rodeado e intimidado por tropas militares y equipos en pie de guerra, con armas mortíferas  decididas  a matar indiscriminadamente.  Una madre llorosa, viendo a su hijo herido y esposado tirado en un rincón de una vieja camioneta, quién sabe con qué destino, mientras suero en mano pedía  piedad a los desalmados,  que no maltraten a su hijo. 

Un joven sacado del  hospital a empellones, golpeado y mal herido, con el estómago brotado. Un oficial   arengando su tropa, indolente al sufrimiento  y los estragos causados.  Un presidente aislado de la tragedia.  “La violencia aparece  en un régimen que acepta falsamente la democracia representativa y despliega la búsqueda de dicha democracia, sin embargo está envenenada por células de descontento o insatisfacción violenta”.

“Igualmente pueden considerar la violencia cometida por las autoridades como una súper reacción a las demandas legítimas o como el uso eficiente de la fuerza para reducir la cantidad total de violencia”. A la pacificación total.  “El significado clave de la violencia, nos dice Newton Garver, es el acto de violar un derecho básico del ser humano”.  En un país dividido en dos, uno con gran inequidad social y otro placentero y hermoso, de gente buena y trabajadora y grandes carencias, de  gran crecimiento económico pero que no se traduce en bienestar para las mayorías, tal  lo definiera el representante del Banco Mundial en su discurso de despedida;  es un país desesperado, potencialmente violento, y no es la fuerza bruta ni la inmoral violencia institucional solapada la que va a detenerlo.


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