La pobreza sexual de las élites culturales

José Miguel Gómez

El abuso sexual, el acoso y las agresiones sexuales se habían convertido en daños colaterales de la testosterona y el cerebro dañado; del primitivismo y del simplismo en reducir la sexualidad al impulso y a los hábitos enfermizos de las parafilias y los desajuste de la conducta sexual de alto riego; siendo los niñas, niños y mujeres las víctimas. Los depredadores sexuales los ubicaban en la pobreza, la exclución, en el mundo bajo, en las patológicas psiquiátricas, en el hacinamiento, la promiscuidad y donde no existían ni los límites, ni la fiscalización, ni el autocuidado, ni los factores protectores para evitar que las agresiones sexuales no minen la estructura psico-emocional de los más vulnerables. Aunque en mi condición de psiquiatra y psicoterapeuta he olfateado que los dañados de la sexualidad y psicópatas están en todas partes: familias, escuelas, iglesias, deporte, música, comunidad, etc. De ahí que, siempre la psico-educación en la sexualidad, y socio afectividad ayudan a prevenir el abuso sexual y violaciones sexuales.
Pero tener que enterarnos de los acosos sexuales, el manoseo sin permiso, el acoso moral y las agresiones sexuales en los actores de cine, en los famosos de Hollywood, los directores de películas y los deportes, que exigían para darle oportunidad a los talentos jóvenes, mujeres especialmente, favores sexuales, el famoso adelanto, pues, de lo contrario tendrán que coger filas, es la verdadera pobreza espiritual. Esa manada de depredadores como todos lobos, olfateaban y auscultaban los más vulnerables. Ahora las víctimas han decidido hablar, han perdido el miedo, el silencio que le desgarraba la vida y le reproducía la infelicidad oculta. Pero la miseria humana ha enseñado el refajo cuando anuncian que, también los gestores culturales han cometido abuso, acoso sexual y moral en el Novel de Literatura. Siete de los 18 miembros de la Academia están involucrados en abusos sexuales. Allí, en la propia alma de los que fortalecen el espíritu, crean los pensamientos, difunden la cultura y trabajan al mundo liviano y ligero que deja el entretenimiento del consumo y la vida material. Allí, también hay depredadores sexuales, el primitivismo de la testosterona y el reduccionismo del erotismo sin límite, sin discriminación, sin culpa, sin resaca moral y sin consecuencia. Han tenido que posponer el premio Nobel de Literatura. Los premios Oscar han temblado en la propia alfombra roja impidiendo que actores y directores abusadores y acosadores sexuales se puedan presentar como “personas de éxitos”. Ya en España, Chile, han tenido que enfrentar el nuevo modelo de las Manadas sexuales: grupos de adultos que se lanzan sobre mujeres víctimas y las abusan y las agreden sexualmente, uno tras otros, sin parar hasta que cada uno eyacule su testosterona animal. Estamos en la pobreza espiritual, en la miseria del hombre que se reducen y se comportan como lobos, perros salvajes que no han desarrollado la corteza prefrontal, ni la circular anterior del cerebro, para discriminar, posponer, para y controlar los impulsos sexuales, el placer sexual y el instinto del placer desbocado.
Del hombre educado, civilizado, de Inteligencia espiritual y moral no se esperaba la pobreza espiritual. Parecía esperar el depredador en la comunidad paupérrima, abandonada, del salvajismo y la cualquerizacion. Los gestores culturales es otro mundo; otra civilización, otros hábitos, por supuesto, no son todos ni todas, pero los depredadores y los malos comportamientos vienen acompañados de más daños colaterales. El abuso sexual, el acoso y las agresiones sexuales están en todos los lugares. Sólo las personas empoderadas, seguras, de sana autoestima, con dignidad, con sentido de vida y de contenido humano y espiritual, pueden enfrentar el abuso o acoso sexual en la vida adulta.
Lo que hemos vivido de los gestores culturales es, la pobreza sexual de los élites culturales. La testosterona del primitivismo sexual y del cerebro dañado, de la digestión de los viejos hábitos sexuales. Frente al abuso sexual, los agresores en Manadas, el acoso moral en cualquier nivel donde las personas socializan, hay que detenerlo, denunciarlo, enfrentarlo, y que los agresores sexuales paguen las consecuencias, reciban el rechazo y la penalidad de sus patologías sexuales. Me duele que la espiritualidad este dañada en algunos psicópatas gestores de las élites culturales.


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