La policía amotinada

Hace algunos meses, mientras echaba gasolina en una estación de servicio de la Autopista 6 de Noviembre, vi el espectáculo de algunos motociclistas compitiendo en velocidad y piruetas en horas de la tarde. Sabía que es frecuente que hagan competencias, pero ese día los malabares y rebases que hacían alrededor de otros vehículos que cruzaban la carretera, lucían espeluznantes. Uno de los empleados de la gasolinera, asombrado, como yo, dijo: “A esos tipos les “jiede” la vida”, aludiendo al hecho de que menosprecian en forma grosera el valor de su existencia y el riesgo para los demás.

Recientemente vi a un grupo de motociclistas atravesando una de las vías que desembocan en la citada autopista y parecían huir de algo o alguien. Pregunté y uno de ellos me informó que estaban esperando que la policía se fuera para poder continuar su competencia, pero que, en vez de irse, los agentes llamaron refuerzos y se “amotinaron”.

Todos sabemos lo que es un motín, pero para estos jóvenes que exponen sus vidas aprovechando la ausencia de los agentes policiales, es otra cosa; lo ven como un acto de violencia y represión de mal gusto por parte de la autoridad que no les deja “divertirse”.

No era momento para dar a ese joven lecciones de español o referirlo para que buscara un diccionario, pero sí fue una grata noticia para mí, como ciudadano, saber que si los policías se “amotinan” (en el lenguaje de los desaprensivos) tratando de impedir esta práctica irreflexiva, pueden salvar vidas de motociclistas temerarios y las de conductores que, sorprendidos por sus locuras, pueden accidentarse al perder el control de sus vehículos.