La política criminal, ¿A dónde nos lleva?

No hay que ser experto en la materia para llegar a la infausta conclusión de que la política criminal que hemos puesto en ejecución en los últimos años ha surtido pocos efectos a los fines de ofrecer seguridad a los ciudadanos de este país, quienes- distinto a lo que ocurría hace 35 años- han limitado sus salidas nocturnas a lo imprescindible.
Recientemente conversaba con amigos de la “Ciudad Corazón” acerca de distintos tópicos de la vida política, social y económica del país. Todos coincidimos que uno de los mayores retos que enfrentamos hoy día como sociedad es la urgencia de una política criminal efectiva, que ponga en jaque al crimen de poca monta y aquel que está dirigido por organizaciones mafiosas, locales e internacionales.
El crimen organizado se ha ensañado sobre Santiago. Solo basta con citar lo ocurrido con Jordi Veras hace unos años, un prestante ciudadano hijo de una figura respetadísima de esa ciudad (Ramón Veras, Negro), que fue objeto de un atentado criminal perpetrado desde la cárcel por un sujeto que se creyó no estaba al alcance de la justicia. La perseverancia sempiterna de su padre hizo que los tribunales de aquella metrópoli realizaran un juicio tras el cual fue condenado el autor intelectual y sus cómplices materiales, a pesar de las amenazas de todo tipo que recibía esa familia.
Ese fue uno de los temas abordados en aquella coloquial conversación. Por la mesa del café desfiló un montón de anécdotas sobre situaciones de riesgo a que están sometidos día por día los santiagueros, desconociendo el país el complejo entramado que ha construido el crimen organizado en Santiago. Ningún director de Policía de allá abre maleta para guardar su ropa en el closet porque no dura.
Los contertulios coincidimos en señalar cómo el fracaso de la política criminal en las últimas décadas en el país ha traído como consecuencia que las familias dominicanas hayan limitado sus hábitos de vida, entre los que se destaca el salir de noche a comer pizzas o helados, lo que explica que prefieran encerrarse y llamar a un “Delivery” para que les lleve sus pedidos.
La seguridad pública requiere mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora: involucra una serie de acciones públicas y políticas específicas.
Los policías y demás autoridades públicas deben hacer presencia territorial; hay que garantizar los derechos y el orden público; la Policía tiene que ser preventiva; los agentes de tránsito, además de poner multas, deben tener una visión de protección del ciudadano, así como los bomberos y la defensa civil; debe haber buena investigación criminal y procesos penales claros, control de los grandes eventos, de los desórdenes y disturbios; control de sistema de prisiones; proximidad a la comunidad y a los jóvenes. En fin, hay que tomar el toro por los cuernos.


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