La prevención del suicidio

José Miguel Gómez

Cientos de personas han tenido alguna vez en su vida alguna idea sobre el suicidio; otras personas, de forma recurrente han pensado en quitarse la vida. Sin embargo, decenas de miles de personas en algún momento de frustración, desesperanzas y de crisis desearon morir, o que algo negativo les pase o simplemente desaparecer, debido a que no sabían qué hacer o cómo administrar una situación de crisis. Esas ideas sobre el suicidio no se hablan, se consideran tema tabú, o de debilidad, de estigmatización o de prejuicio. Aun cuando han tenido algún intento de suicidio o un suicido consumado dentro de la familia y la comunidad; aun así, se niegan hablar de este tema que para algunas personas es una vergüenza o una ofrenda a la condición de ser cristiano. Pero las ideas y los intentos de suicidio ocurren en niños, adolescentes, adultos, en personas longevas, en pobres y ricos, en mujeres y hombres, en blancos y negros, etc.
En la consulta psiquiátrica tratamos al suicidio como una reflexión normal, lo preguntamos, lo confrontamos, lo intervenimos, desde todos los puntos de vistas. Debido a que existen personas que son más vulnerables y riesgosas frente al suicidio que otras personas; ejemplo, padecer depresión recurrente y tener intento de suicidio, o tener un familiar primario que se ha suicidado, padecer una enfermedad crónica, abusar o depender de sustancias, sufrir un trastorno mental, no tener fortaleza emocional para afrontar situaciones difíciles, asumir pensamientos totalitarios, radicales, absolutistas, ver la vida en el concepto blanco y negro, todo o nada, etc. En la vida existen personas con poca inteligencia emocional y social para confrontar pérdidas y fracasos dada su falta de habilidad y destreza para reflexionar, tomar el timón de su vida, adaptarse a los cambios. Esa incapacidad tiene que ver con la debilidad en el carácter, con la pobreza en socialización, la baja autoestima, inseguridad, miedos, historias de traumas no resueltos o la vulnerabilidad Bio-psicosocial. Es evidente que el suicidio está aumentando, que afecta más a los hombre en edad productiva y cuando tienen que enfrentar la jubilación y los ciclos vitales de la vida.

La vida posmoderna, los cambios bruscos, el desapego, la crisis de los vínculos, la deshumanización, la crisis de identidad, la bsoledad y la desesperanza han sido nuevos casuales psicosociales y estructurales frente al suicidio. Hoy se impone que las personas aprendan a construir factores protectores frente al suicidio: mantener apego familiar, proyecto de pareja, trabajo, amigos, espiritualidad, salud, recreación, grupos de apoyo, buen manejo del gastos, y disminuir sus niveles de riesgos: no alcohol, no juegos, no drogas, no alta velocidad, no amigos riesgosos, etc. Por otro lado, si padece de depresión o trastornos psiquiátricos acepte y mantenga su tratamiento y seguimiento médico. Cuando se hace diagnóstico temprano de la depresión y se pone tratamiento a tiempo, se disminuye el suicidio. Un proyecto de Salud Mental de prevención al suicidio incluye todos los indicadores señalados. Si aparecen ideas, intentos de suicidios o conducta altamente riesgosa donde la persona se expone a morir sin importar lo que pase, muévase a buscar ayuda.
Cuando escuchamos a personas con un discurso pesimista, de minusvalía, cargado de pesimismo y desesperanza, hablando que, “la vida no tiene sentido” o “no vale la pena vivir”, “me da igual lo que pase” “soy un fracaso” y ha tenido algún intento fallido, hay que buscarle tratamiento y seguimiento psiquiátrico.

Miles de personas perdieron su vida por suicidio sin retorno o consumado que se pudo prevenir; otros, dado su silencio y su soledad emocional no se les pudo ayudar. Sabemos que es un tema duro de reflexionar en una familia, en la pareja o con amigos, pero si existen las razones casuales, es mejor hablar, apoyar y prevenir. Para disminuir la incidencia y prevalencia de suicidio hay que realizar jornadas, talleres, psico-educación a la población sobre Salud Mental. Tratar de esconder un trastorno mental, una situación de crisis o un proceso de agotamiento crónico no es una solución inteligente. Las crisis y los desajustes, hay que abórdalos con estrategias en diferentes direcciones sin manejar la culpa ni la frustración, permitiendo asumir el control de su vida, sorteando la circunstancia y los nuevos desafíos. El suicidio hace presencia en aquellas personas que pierden el sentido de vida, de utilidad y de transcendencia.


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