La química de las palabras y otras realidades

Rafael Acevedo

Una palabra soez, un insulto, le cambian la química corporal a cualquiera. Cambian el ánimo, el humor, agotan la paciencia, llenan de rabia y rencor, y suelen llevar a agresiones mortales.
Recientemente, cientistas han observado el efecto que una palabra amable o descompuesta tiene sobre las moléculas de agua. Un insulto o una palabra amorosa tienen efectos químicos en todo organismo animal o vegetal. Está confirmado: la risa franca genera salud y prolonga la vida; el odio y la ira producen artritis y enfermedades degenerativas. La composición química de nuestros tejidos y órganos, músculos y glándulas, se afectan con la información que nos entra por los oídos, por la vista, y demás sentidos.Frecuente y contundentemente, nuestro organismoes afectado por otro tipo de información: los entes o agentes de tipo viral y bacteriano. Un virus es un patógeno que obliga al organismo a reaccionar, actuar de determinadas formas, por lo cual, podemos decir con toda corrección, que un virus le da órdenes a nuestroorganismo. Porque, en definitiva, un virus es una instrucción química, un mensaje codificado en lenguaje del ADN, esto es, una formulación electro-química decodificable por nuestra genética.
Similarmente, las palabras de amor entran por el oído y se convierten en placenteras instrucciones electro-químicas. También en los aires abundan elementos imperceptibles con cargas eléctrico-magnéticas que operan de manera subliminarque,igualmente,afectan órganos y cerebros.
Algunos de estos son gases o “neumas”, elementos compuestos o simples como el oxígeno, el nitrógeno, o el éter….y otros gases que jamás hemos “visto”, ni conocido. Como tampoco hemos visto los virus, ni la electricidad, ni el magnetismo; que carecen de olor y densidad perceptibles por los humanos, pudiendo estos ser somníferos o letales.
Hay elementos o “entidades”, como los virus, pero también otros que conocemos menos, que habitan y se movilizan en gases que forman parte de nuestra atmósfera y entorno.
Algunos de estos “neumas”se comportan como los virus, sin ser vistos ni percibidos; se alojan en el cuerpo humano, en las mentes, y predisponen conductas y condicionan temperamentos, pudiendo también ser hereditarios.
A muchos de estos los antiguos los llamaban espíritus o demonios,e intentaron conocerlos y controlarlos en provecho o defensa propios. Los hechiceros eran especie de “neumólogos”; pero no solamente de los aires o espíritus que entran al cerebro y al torrente sanguíneo, sino que de aquellos que se alojan en diferentes partes de nuestro organismo y afectan la salud, pensamientos y comportamientos.
Sobre este tema existen tabúes científicos, o saludable rigor y pudor academicista. Del mismosabemos muy poco, y raras veces hansido abordados con la metodología las ciencias naturales;la psicología y psiquiatría ni siquiera se atreven; menos aún la “fenomenología del espíritu” (Hegel). Resultando que esta “neumología” o “ciencia de los espíritus” está “afueriada” por “decreto científico”, en “otra realidad” (¿?).Probablemente porque aún ignoramos demasiado sobre “esta realidad”; y posiblemente también,porque habiendo tanta materia y carne para cortar y disfrutar, ¿a quién le interesa el espíritu?…mucho menosel alma.


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