La refundación de Santo Domingo como ciudad liberal

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La nominación de las calles de la ciudad tiene una historia que es también la inscripción simbólica de otra historia. Es la relación entre la historia de la ciudad y la Historia del país. En ella juegan distintos escribas, historiadores, tradicionalistas y modernos, arquitectos… Podemos afirmar que a partir de la década de 1860, el discurso histórico sobre la ciudad manifiesta una reapropiación de los símbolos liberales por encima de sus originales operativos ideológicos, dados por la mentalidad colonial y el pueblo mismo.
La denominación de calles, callejones, plazas, plazoletas, puertas de la muralla, cambió de los nombres que les dio la tradición popular, las autoridades coloniales, la Iglesia hasta llegar al Cabildo donde se debatían los partidos liberales y los conservadores. A partir de 1860, el liberalismo va a cambiar los nombres de la ciudad, pero sin poder alterar demasiado el centro tradicional.
En el discurso de César Nicolás Penson, “Cosas Anejas” (1891), serie de estampas publicadas en la década de 1880, en Tradiciones dominicanas (1946) de Troncoso de la Concha, en “Guía emocional de la ciudad romántica” (1944) de la ciudad romántica de Joaquín Balaguer, en “Navarijo” (1956), de Moscoso Puello y en “La ciudad de Santo Domingo” (1943) de Luis Almar, escrito también en el mismo periodo, podemos notar cómo la modernidad política se fue desplazando de lo tradicional colonial a una visión donde el liberalismo busca controlar el despliegue simbólico de la ciudad a favor de inscribir en sus calles una galería de héroes.
Es significativo que la construcción del discurso de la ciudad por César Nicolás Penson muestre las tensiones entre haitianos y dominicanos. Muchas de las estampas, como “Barriga verde” “El padre canales”, y otras se refieren a la ciudad bajo la dominación haitiana y los haitianos son vistos como el oprobio para el país, como mañeses, brutos e incultos; hordas de esclavos que, de alguna forma, la ciudad que fuera tomada en varias oportunidades por ellos queda defendida en las letras. A la vez que es dignificada en el decir por un discurso racialista anti-haitiano fundacional.
Además, en el discurso de Penson, la ciudad es una construcción problemática porque por un lado debe asumir la identidad hispánica y por otro ironiza la colonia, la “honorabilidad”, la “hidalguía” de una aristocracia de ‘mantuanos’, que en verdad vivían tan miserables como sus servidores. Esto se echa de ver cuando dice que tanto los unos como los otros usaban los mismos zapatos. Penson trabajaba en un momento en que el dominicano se diferenciaba identitariamente del haitiano y del español, sin embargo, tenía que asumir un hispanismo diferenciador por oposición. Y a la vez que buscaba construir una polis liberal.
Se echa de ver en “Cosas añejas” que la vieja ciudad de Santo Domingo apenas comenzaba a salir de su modorra de varios siglos, no hay marcas topográficas que nos dejen ver la ciudad más allá de la calle José Reyes por el oeste, el barrio de Las Mercedes por el noroeste, hacia la puerta de San Gerónimo y El Polvorín, por donde se estableció más tarde un mercado, este parece una novedad luego que los mercados de frutos funcionaran entre la capilla de Los Remedios (de Coca) y la puerta que da al río y que luego funcionó en el espacio que ahora ocupa el edificio de telecomunicaciones y que muy bien queda inscrito en la novela “Los enemigos de la tierra” (1936) de Andrés Francisco Requena, este mercado fue destruido por el huracán de 1930, según dice Alemar.
El dominio simbólico de la ciudad a través de la nominación de las calles la toman los duartistas, antiguos ‘filorios’, fundadores de la nación. Ellos son de la ciudad y la ciudad los reconoce, en primer, lugar, casi todos los trinitarios tienen calles en la ciudad, aunque ellos fueron proscritos y fusilados, como María a Trinidad y Francisco del Rosario Sánchez. La nominación de los febreristas logra imponer el relato histórico de que son ellos los fundadores la ciudad y, en un país con tres gestas de independencia, se establece la visión, que creo correcta, de que la Separación de 1844 es la independencia. La calle del Conde fue llamada Separación, luego se continuó con Duarte que tuvo y hoy tiene una modesta calle dentro de la ciudad, pero su extensión fue llamada José Trujillo Valdez, en nombre del padre del tirano.
Es significativo que aquellos que fueron desterrados y condenados por el santanismo, fueran colocados en una posición marginal. María Trinidad Sánchez, que fuera fusilada en la ciudad, no aparece en las calles principales. Al Conde se le cambió el nombre de Separación, Las Damas o de la Fortaleza, le fue cambiado el nombre a Colón, y Mella no tuvo reconocimiento y es hoy la avenida frontera de lo que fuera la ciudad colonial limitando el barrio de San Carlos. En el caso de la Sánchez fue llamada así la calle nueva, que terminaba la ciudad, poco poblada hasta mediados de 1850.
La ciudad fue simbólicamente tomada por sus hijos trinitarios y su relato de la nación fue congruente con el relato histórico. En esta construcción se destacan las lecturas de varios historiadores, José Gabriel García, “Compendio de la historia de Santo Domingo” y Antonio Del Monte y Tejada, “Historia de Santo Domingo”. Los otros héroes de las gestas anteriores, José Núñez de Cáceres y Gregorio Luperón vienen a tener una entrada única a la ciudad. Luperón fue reconocido en primacía y luego Espaillat, pero Bonó queda completamente excluido.
En el caso de Núñez de Cáceres, hoy tiene una gran avenida muy lejana a las murallas coloniales. Ya Penson en “Cosas añejas” anotaba el sentido oportunista de su Haití Español, aunque fue muy bien considerado por la ciudad letrada de los Henríquez Ureña. Tanto ellos, incluyendo a García Godoy, comenzaron a recuperar la gesta de 1921 como la primera independencia. Dentro del proceso de reapropiación del espacio de la ciudad vieja por el liberalismo y sus gestas de fundar la nación, no solo en la política, sino en el imaginario. Cabe destacar que las fuerzas políticas trataron de imponer los nombres de sus caudillos en la vieja ciudad. Muchos presidentes tuvieron y aún tienen sus calles, plazas, plazoletas: algunos restauradores como Presidente González, Presidente Billini, Santana, Trujillo, Heureaux, Vicini, etc.

Es en el barrio de San Carlos donde los hostosianos van a nominar las calles tomando como referente a los héroes de la Restauración. Aunque algunos logran entrar a la vieja ciudad por el lado fronterizo de Santa Bárbara, la nominación de calles en los sectores como San Carlos y La Primavera, y luego en Ciudad Nueva, que se abre en la antigua Sabana del Estado, es de interés para estudiar la forma en que se dio el apropiamiento liberal del imaginario y de cómo el discurso sobre la ciudad es coherente o problemático con el metarrelato histórico de la nación.


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