La República de muchos y muchas

Millizen Uribe

Estoy de acuerdo con quienes plantean que un elemento que incide en la falta de formación humana integral de los dominicanos y dominicanas es que hay temas claves de formación que antes se enseñaban en los hogares y que ahora muchos padres y madres han dejado para el manejo exclusivo de las escuelas.
Sin embargo, el tema religioso no es uno de ellos, debido a que las escuelas públicas son una instancia de un Estado, el dominicano, que, en su Constitución, artículo 45, proclama la libertad de conciencia y de cultos. Es por esto que la propuesta de resolución que plantea exigir al Consejo Nacional de Educación el cumplimiento de la Ley No. 44-00 que establece la lectura e instrucción bíblica en las escuelas públicas es, a todas luces, inconstitucional, porque se decanta por la religión y por una en específico.
Por eso, más que una discusión politiquera, caracterizada por la “piquiña política” de algunos sectores contra Faride, quien planteó la inconstitucionalidad de esta ley en el Congreso y ahora hay quienes quieren “cobrarse” la oposición que ella ha hecho con las denuncias de corrupción en temas como Punta Catalina y en Odebrecht (recordar los famosos papeles de Faride), me parece importante reflexionar acerca de que la dominicana, es la República de muchos y muchas, es la nación de un Estado que ha de estar comprometido con el respeto a la diversidad.
Un Estado Social Democrático y de Derecho, cuyo rol no es imponerles a sus ciudadanos creencias particulares, sino garantizar un clima de tolerancia, pluralidad y de cumplimiento cabal de los derechos. Lo mismo pasa con el tema del aborto y las tres causales.
Y es que los Estados son la suma de muchos y muchas, de un conjunto amplio de personas, algunas creyentes, unas protestantes, otras católicas… y también hay quienes son ateas. Ante esto, una escuela no debe acogerse a la instrucción obligatoria de una lectura bíblica específica, porque hacerlo atenta contra quienes profesan otra religión o, sencillamente, ninguna.
Y se entiende que quienes son religiosos quieran y aspiren a que sus mensajes y enseñanzas sean propagados, pero para eso están los templos, los hogares, los espacios públicos, mas la escuela no es el lugar para eso, y tampoco se puede lograr a base de la intolerancia y el fanatismo con el que han reaccionado algunos ante la exposición de la legisladora Raful.
Recuerden que Jesucristo predicó con amor, que pidió dar al césar lo que es de césar y a Dios lo que es de Dios (clara posición a favor de separar las cosas del Estado y las de la religión) y que llamó a, nada más y nada menos, que seguir su ejemplo.