La segunda oleada de canarios a RD

“Calle de los Isleños”, en San Carlos. Hoy/ Napoleón Marte 22/02/2019
“Calle de los Isleños”, en San Carlos. Hoy/ Napoleón Marte 22/02/2019

Hay una emigración de canarios a la República Dominicana tan desconocida que no ha sido consignada por los historiadores, contrario a la de 1684, merecedora de libros y remembranzas porque no solo fundaron la Villa de San Carlos, donde existe una calle que los recuerda, sino porque transmitieron hábitos, costumbres y trabajo.
Esta es de 1955, resultado de un arreglo entre los generalísimos Francisco Franco y Rafael Trujillo, acordado en 1954 durante el sonado viaje que el tirano dominicano hizo a la Madre Patria.
Algunos dominicanos, muy pocos, tienen conocimiento de estos “isleños” porque algunos casaron con dominicanas y se quedaron residiendo en el país.
Paula Pimentel Blondet, maestra y activista de los derechos humanos y de colectivos de inmigrantes que desde 1989 reside en España, posee un interesante acopio documental y testimonios orales que le han llegado, que pueden ser punto de partida para un trabajo profundo de investigación a fin de conocer la historia de este grupo que, al parecer, no tuvo una feliz estadía en el país a pesar de las promesas de Trujillo.
La exprofesora del Colegio Oratorio María Auxiliadora, que se ha desempeñado en España como docente externa, viajó allí “de paso” y se hospedaba en Madrid donde una familia salesiana. También visitaba Benidorm hasta que una amiga la invitó a Canarias. “Me trataron tan bien que decidí quedarme, y me involucré con la colonia dominicana”. Formó la “Casa Dominicana en Canarias”, entabló relaciones con historiadores y descubrió los lazos de amistad existentes entre españoles y criollos. “Así me entero que en 1955 Trujillo hizo un pacto con Franco y decidió traer españoles de las islas. Trajo 600 después del verano de 1955”, relata.
“Supe que algunos dominicanos eran hijos o nietos de esos emigrantes, que la mayoría se fue a Cuba y a Venezuela y que Trujillo les facilitó un barco”.
Las novedades. Paula narra que a pesar de sus años viviendo en España, “nunca supe que en Canarias había un consulado dominicano, que desapareció a la caída de Franco”. La información se la suministró un chileno residente en Canarias, que le ofreció datos y le entregó documentación que la acompañaron en una breve visita a Santo Domingo.
Con las fichas de un considerable número de canarios que vinieron, recibió otras noticias, como que los cónsules que tramitaban la travesía se llamaban Manuel Sánchez Lasso, que ejerció de 1960 a 1976, al que sucedió su hija Gloria Sánchez Padilla. Estaba localizado en la calle San Vicente Ferrer número 60, donde ahora hay una vivienda.
“Una persona me regaló el escudo y la placa que tenía la oficina”, revela.
El chileno conoció hijos de los emigrantes domiciliados en España y le anunció a Paula que posee más documentación.
Según lo que ella ha indagado, estos 600 emigrantes, la mayoría adolescentes, se dedicaron a la agricultura y se establecieron principalmente en San Juan de la Maguana, donde “hicieron un barrancón, pero después que cayó Trujillo se desperdigaron”. Otros, afirma, “fueron a vivir en Monte Cristi”.
Trujillo, agrega, les ofreció tierra y algunas casitas y animales porque tenían fama de ser buenos trabajadores, sobre todo de agricultura. Lo que más cultivaban era la papa”.
Pero, según le han contado “muchos fueron engañados: no les dieron lo que les prometieron”.
Paula conoce descendientes residentes en España y se propuso hacerles un homenaje, pero muy pocos aceptaron.
Los que vinieron. Lo que entregaron a Paula fueron certificados de buena conducta y de su estado de salud donde figuran con sus fotos y datos biográficos, su procedencia y el motivo de la expedición: “El Gobierno Civil al objeto de embarcar para Santo Domingo”. Firma un representante de la Guardia Civil, quien certifica que han observado “buena conducta moral, pública y privada”. En algunos casos, que no practicaban actividades políticas.
Los de salud fueron emitidos por la Clínica Santa Eulalia, certificando que no padecían “tracoma ni enfermedades infecto-contagiosas”, que habían sido vacunados con “vacuna antivariólica y anti-tífica”, que no padecían “ningún defecto físico que les imposibilitara para el trabajo”.
También contaban con certificación de la Hermandad Sindical de Candelaria.
Las certificaciones, casi todas firmadas en Santa Cruz de Tenerife, aclaraban: “Solo tiene validez ante las autoridades consulares de la República Dominicana”.
Están José Miguel González Moreno, Daniel González Rodríguez, Miguel Ángel Díaz Rosquete, Marcelino Darias Moreno, Manuel Espino Clavijo, Vicente Alonso Évora Rodríguez, Lorenzo Delgado Alberto, Manuel González Castilla, Braulio Delgado Alberto, Benigno Camacho Trujillo, Benigno Camacho, Emilio Cabrera Negrín, Lorenzo Delgado Alberto…
Estaban domiciliados en Tenerife, Arafo, Santa Cruz de Tenerife, La Oliva (Fuerteventura), Las Palmas (Fuerteventura), Haria Lanzarote, Vallehermoso (Gomera), Puerto de la Cruz, Candelaria, entre otros.
En los expedientes se anota: “Solo tiene validez ante las autoridades consulares de la República Dominicana”.
Paula acudió con este acopio a la Universidad de La Laguna, en Santa Cruz de Tenerife, donde únicamente le comentaron: “Hay que investigar”.
Opina que “se puede establecer una comparación, respetando los tiempos, con las migraciones anteriores, y ver cómo a partir de los años 80, se dio una inmigración a la inversa”.
Su interés, dijo, es que “si este material es de utilidad, se pueda profundizar. No persigo fines lucrativos, sino que se conozca esa parte reciente de nuestra historia”.
La calle. Existe una “Calle de Los Isleños” desde el cinco de diciembre de 1944, que se designó tomando en cuenta que “la Villa de San Carlos fue fundada por nativos de las Islas Canarias” y que al lugar se le llamó antes “Pueblo de los isleños” o “Isleños”, al igual que sus moradores. La vía está descrita “situada de sur a norte desde la “Delmonte y Tejada”, haciendo cruz con la calle “Salcedo” en la parte norte de Villa Esmeralda”.