La tarea de hoy

Quienes vivimos la epopeya de Abril de 1965 peinamos canas, estamos medio calvos, muchos caminamos con bastones, pero tenemos la frente en alto y la conciencia limpia, porque cumplimos con nuestro deber cuando la Patria reclamó nuestra presencia para que nos fuéramos a la guerra a defender su existencia, su continuidad. Ese es el orgullo de nuestra generación.
Hicimos frente a la invasión de Estados Unidos con nuestros pechos con dignidad, con patriotismo. Luchamos, estudiamos, pensamos, trabajamos, fuimos a la guerra con alegría, persiguiendo propósitos nobles y objetivos elevados.
El tiempo se mide de distintas formas, pero la peor de todas es el olvido, la dejadez, la que produce el cambio de conductas, de paradigmas, que son absorbidas, asimiladas, sin que enfrentemos las malas corrientes que conducen hacia la disolución de las buenas costumbres, de los altos propósitos que debemos tener como sociedad.
El individualismo se impuso a los deseos colectivos, a los esfuerzos por construir un mundo mejor. De manera lenta pero continua, hemos permitido que nos cambien las buenas costumbres por la chabacanería, el respeto por el chernaje, la moral por la lasitud que intenta permitir que nos acostumbremos a las inconductas que debemos combatir sin vacaciones.
Aunque para muchos de nosotros parece que fue ayer, hay un abismo de distancia en la conducta social de hoy y la de hace apenas 50 años.
No es cosa de lamentarse, es asunto de buscar qué no hicimos bien, qué hicimos mal, dónde fallamos, por qué fallamos, a quién o quienes culpar por la situación de hoy, por la conducta de los jóvenes de hoy, por el comportamiento de tantos jóvenes que no estudian, que no trabajan, que no se preocupan por su propio porvenir y mucho menos se ocupan de pensar y actuar en beneficio del bien común, que es un concepto postergado, cuando no olvidado.
La situación actual de dejar hacer, dejar pasar es tan grave que un insolente se atrevió a faltar el respeto al mayor símbolo humano de la Patria: Juan Pablo Duarte y se le permite opinar hablar, pontificar, como si sus insultos fueran gracias, como si sus faltas de respeto debieran ser celebradas.
Abril de 1965 fue el esfuerzo ciclópeo de una generación que intentó acelerar el proceso normal de la sociedad, para que pudiésemos construir un mundo mejor, para que la mayoría tuviera educación de calidad, salud plena.
Lo cierto es que el relevo, los que vinieron luego de la Guerra de Abril de 1965 han sido víctimas de la peor de las intervenciones, la que de manera sutil conduce a la desnacionalización.
La tarea de ayer fue la de actuar en el campo de la acción, hoy debemos luchar en el rescate de nuestras esencias como nación.


COMENTARIOS